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Los hermanos Machado eran tres (por lo menos)

Día 12/06/2012 - 05.26h
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Se editan las «Obras escogidas» de Francisco, el «otro» literato de la familia

¿Dos Machado? ¿Tres, cuatro? Convendrán conmigo que, literariamente hablando y escribiendo, los hermanos Machado fueron dos: Antonio y Manuel, reconocidos poetas. Indagando un poco, también podemos saber que, biológicamente, fueron seis, los dos citados además de José, Joaquín, Francisco y Cipriana. Y aquí es donde el famoso dúo poético se convierte en trío, ya que Francisco también hizo algo más que pinitos literarios, amén de ser un destacadísimo (y reformador) miembro del cuerpo de funcionarios de prisiones.

Hace unos años, un precioso libro, «El reloj de la cárcel. Leyendas y poesías toledanas de Francisco Machado» (D.B. Ediciones), de Enrique Sánchez Lubián, recuperaba la figura y la obra del «tercer» Machado, crecido humana y literariamente a la sombra de sus dos hermanos mayores.

Ahora vuelven a recuperarse los escritos de este hombre cabal en «Obras escogidas» (Ediciones de la Torre), con prólogo de la propia hija de Francisco, Leonor (nombre machadiano donde los haya) y por tanto sobrina de don Antonio y don Manuel.

Los hermanos Machado eran tres (por lo menos)
ABC
Manuscrito de «El reloj de la cárcel»

Una edición preciosa, con documentación gráfica, que nos muestra a un poeta de decir popular, verso fácil (no facilón, que eso es otra cosa) y autor incluso de un libro, «Leyendas toledanas» (1929) que fue bastante conocido en su tiempo. El resto de la obra de Francisco Machado quedó desperdigado por revistas y publicaciones, así como por periódicos en los que colaboró de forma bastante habitual, como «Los lunes de El Imparcial», «Nuevo Mundo» y «La correspondencia de España».

Los hermanos Machado eran tres (por lo menos)
ABC
Continuación del manuscrito de «El reloj de la cárcel»

Don Francisco también frecuentó tertulias en aquellos años (a pesar de que su profesión le hacía cambiar de residencia con asiduidad) y fue amigo de Francisco Villaespesa y José Álvarez Sierra (que le llamaba «Machadito»). Curiosamente, en Madrid, la calle dedicada a Villaespesa y otra que hace lo propio con los hermanos Machado (¿los 2, los 3, los 6?) están una al ladito de la otra, en la zona de La Elipa-Quintana.

Aunque bien joven sintió afición por las letras, Francisco Machado consagró toda su vida al mundo penitenciario en el que llegó a asumir las máximas responsabilidades como la de, en 1933, ser primer director de la nueva cárcel de mujeres de Madrid, cuando Victoria Kent era la Directora General de Instituciones Penitenciarias.

Los hermanos Machado eran tres (por lo menos)
Ed. de la torre
Portada de las «Obras escogidas» de Francisco Machado

Y es que don Francisco fue uno de esos hombres crecidos a la sombra de las reformistas ideas de la Institución Libre de Enseñanza, la Escuela de Criminología, y también de aquella idealista defensora de los penados, doña Concepción Arenal, aquella mujer de una pieza que dijera: «Odia el delito y compadece al delincuente». Don Francisco le dedicó encendidos versos con motivo de su centenario en 1920, poema que leyó ante los reclusos de la cárcel toledana: «Rayo de sol entre las sombras fuiste / consuelo del enfermo dolorido: / la amarga queja del dolor oíste / del pobre delincuente arrepentido, / y a escuchar te aprestaste diligente».

A pesar de que su trabajo en las prisiones pudiera parecer bien prosaico, Francisco vivió momentos realmente especiales, como cuando siendo director de la Prisión Central de Cartagena, en 1917, allí fueron a dar con sus huesos los miembros del Comité de Huelga del paro general de 1917: los miembros del PSOE Besteiro, Largo Caballero, Saborit y Anguiano.

Una familia rota por la Guerra Civil

Como tantas otras familias españolas, los Machado fueron hechos trizas por la Guerra Civil. Antonio, José (pintor y dibujante), Joaquín (funcionario) y Francisco se refugiaron en Valencia en 1937, a instancias de Alberti y León Felipe. Manuel quedó en Burgos, zona nacional.

Se sabe que Antonio Machado fue de esos españoles del éxodo y del llanto que cantara León Felipe, que hubieron de cruzar la frontera francesa en los estertores de la guerra. Le acompañaron sus hermanos. El resto es conocido. Antonio murió en Colliure el 22 de febrero de 1939. José y Joaquín se exiliaron en Suramérica...

Manuel Machado consiguió que Francisco volviera a España sin riesgo para su vida, aunque fue depurado y tras numerosos expedientes judiciales nunca llegó a ostentar un puesto como los anteriores a la guerra, ya que tras reingresar en el Cuerpo de Funcionarios de Prisiones, fue adscrito a cargos burocráticos donde no podía hacer uso de su inmenso saber y experiencia sobre el mundo penitenciario. Murió el 5 de enero de 1950.

Se había ido un hombre de bien, un Machado que, como sus hermanos, llevaba en la sangre el sentir popular: «Mis romances -decía Francisco Machado- no emanan de las gloriosas gestas, sino del pueblo que las compuso de y la tierra donde se cantaron».

«Adiós me dijiste» (Francisco Machado)

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