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CyL / del agua mansa

LLENAR UN SACO ROTO

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Los cuatro aeropuertos de Castilla y León son deficitarios, las empresas mineras no se sostienen sin ayudas...

Día 17/06/2012 - 17.33h

CON los aeropuertos y la minería en Castilla y León está pasando lo mismo que advertía antaño Unamuno: que cuanto más lógicos son los problemas más paradójicos se vuelven. La paradoja fue un invento griego para hacer silogismos agudos y divertidos: a ver qué inventan hoy con las elecciones. Lo malo es que en economía las paradojas se basan en hechos contables nada prodigiosos: Europa presta dinero a los españoles con el dinero de los demás europeos e incluido con el de los propios españoles. Consecuencia infernal: los gastos se pagan con impuestos de los ciudadanos, y éstos —los impuestos— es lo único seguro en cualquier economía porque el «maldito parné» nunca viene de bóbilis-bóbilis sino de los paganos de siempre.

Los aeropuertos y la minería en Castilla y León son dos problemas peliagudos a punto de convertirse en eso que llaman los filósofos «soluciones paradójicas»: todo el mundo apoya su existencia —políticos, sindicatos, empresarios, y ciudadanos de pro—, aunque no todos lo entienden o al menos no lo explican suficientemente para que el resto lo entendamos. Y de aquí emerge la paradoja griega en todo su esplendor: los cuatro aeropuertos de Castilla y León son deficitarios, las empresas mineras no se sostienen sin ayudas, luego hablamos de dos hechos verdaderos que a la larga podría ser falsa su rentabilidad. A esta paradoja logística respondió textualmente Séneca así: hay que «cercenar los gastos superfluos».

Antier saltó a los medios digitales una noticia lógica donde las haya: que el Gobierno, a través del Ministerio de Fomento, pretende privatizar una serie de aeropuertos porque han perdido viajeros a propulsión a chorro. Los cuatro de Castilla y León parecen la brillantina que da prestancia a la estadística. El de Burgos, por ejemplo, sólo en los cinco primeros meses del 2012, ha perdido la friolera de un 37,3%, el de León un 27%, el de Salamanca un 10,5%, y el de Valladolid, la capital autonómica, un 9,6%. ¿Qué significa esto? Pues que hablamos de una de esas paradojas con «propiedades impredicables» que señalaba el gran Bertrand Russell cuando un punto cardinal deja de ser cardinal para convertirse en un brujuleo despendolado.

¿Y la minería? Santa Bárbara bendita... Esto son palabras mayores porque la minería como sector estratégico conserva en Castilla y León un potencial humano y productivo nada desdeñable: el más importante en España. La lógica unamuniana adquiría en su tiempo una aplastante misión redentora, pues para el Rector de Salamanca un minero se explicaba, de pies a cabeza, con un pico y cual referente crudísimo de una «paradoja existencial». Ahora que el carbón no calienta el brasero de los españoles sino el recibo de la luz —el más alto de Europa junto con Chipre y Malta—, las prioridades ya no están tan claras, sobre todo cuando la sostenibilidad del sector depende más de la kale borroca que de las cifras lógicas. Los aeropuertos y la minería en Castilla y León comparten, por tanto, una misma paradoja existencial: cómo llenar un saco roto aparentando que está bien cosido.

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