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Si cabe, en el caso de estas instituciones, el control tendría que ser mucho más escrupuloso
Lo vendamos como lo vendamos, o lo vendemos, lo del rescate de España no deja de ser una bofetada en el carrillo de nuestra dignidad patria. Afortunadamente, los dineros europeos, o de donde sean, van a poner orden en ese patio de Monipodio que es nuestro sistema bancario. No obstante sería injusto generalizar, porque algunos de nuestros bancos han hecho bien las cosas y han sabido guardar un cuarto de trigo para el duro invierno que nos aguarda. Todos esperamos que, por fin, el mal trago sirva al menos para despejar horizontes y, de paso, frentes. Los españoles deberíamos sacar alguna lección de este momento que nos sirva para no volver a cometer los mismos errores en el futuro. Cosa harto difícil si tenemos en cuenta que el español es el único animal que tropieza dos o trescientas veces en la misma piedra.
Internamente llevamos tiempo blandiendo el hacha cainita y fratricida de buscar culpables en nuestro entorno. Bien teledirigido el rebaño se va moviendo, cual ameba, en la dirección que le marcan. Hace unos meses eran los funcionarios los culpables de todo y hubo que reducirles el sueldo. Ahora son los funcionarios quienes buscan el chivo expiatorio en los trabajadores de las fundaciones y empresas públicas. Todos sabemos que efectivamente en esas empresas y fundaciones han entrado a dedo y por nepotismo una parte de quienes las forman. ¡Qué coincidencia!, exactamente igual que ha ocurrido a veces con una parte del funcionariado. Y no vamos a entrar en detalles porque resultaría de mal gusto.
Otra cosa es que estas fundaciones y empresas públicas no estén sometidas al control y a la intervención que todo organismo dependiente de la Administración debería soportar. Si cabe, en el caso de estas instituciones, el control tendría que ser mucho más escrupuloso, dado que cualquier dinero público, sea de donde sea y vaya adonde vaya, tendría que superar la fiscalización de su uso y de sus idas y venidas. Esto es algo a lo que probablemente nos obligue Europa y es cabalmente necesario y bueno. Por ello, quizá Castilla y León podría predicar con el ejemplo y establecer itinerarios transparentes para todo su dinero público. No me cabe la menor duda de que el trabajo que se hace en muchas de estas fundaciones y empresas públicas no podría ser cubierto por el personal funcionario, dadas las condiciones y requisitos del mismo. Pero es justa la reivindicación de que el dinero que manejan tenga, como los productos naturales, una trazabilidad incuestionable. Fundaciones y empresas públicas, sí, pero cristalinas.






