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Faltan dos semanas escasas para Río+20. Y en medio de pánicos bancarios diarios, profecías catastróficas autocumplidas y tragedias más o menos griegas, la cumbre medioambiental acabará pasando por nuestras mentes y nuestras pantallas (perdón por la redundancia), sin pena ni gloria. Un desastre, porque el asunto que toca es mil veces más importante que las urgentísimas emergencias que servirán de pretexto para descafeinarla.
Así que ya se ve que la exposición de la brasileña Claudia Andujar llega en un momento muy oportuno. Brasileña, todo sea dicho, de adopción y por convicción: pidió la nacionalidad en 1972 por motivos políticos, precisamente para poder trabajar de cerca con las comunidades indígenas de la Amazonía sin que los militares de la dictadura amenazaran con expulsiones y cancelaciones de visado. Ahora PHotoEspaña trae a la memoria los temas de los que se ocupó esta gran histórica del fotoperiodismo y la foto documental del siglo XX. Y recuerda que no es que sigan siendo de actualidad: es que son ya más acuciantes que nunca. Andujar fue publicando, a finales de los setenta, sus trabajos de investigación fotográfica entre los indios del Amazonas, su paraíso perdido.
Andujar supo usar a favor de la causa indígena el poder mudo de las imágenes
Activismo fotográfico
Andujar siempre ha tenido muy claro lo que es: una «activista de la foto». La concibe abiertamente como instrumento con fines sociales y efectos palpables en la política brasileña. Y no hay forma de negarle su eficacia. Porque no era que sus fotos desvelaran al mundo un presente de rapiña ambiental que convenía a muchos mantener oculto. En realidad anticipaban un futuro que se nos ha echado encima. Hace dos semanas, la presidenta Dilma se conformaba con pronunciar un veto descolorido a la reforma del Código Forestal brasileño, que concede la amnistía de facto a los grandes deforestadores y que abre la puerta a la destrucción a cámara lenta mediante nuevas carreteras, aeropuertos y asentamientos en el corazón de los Estados de la cuenca amazónica.
No puede decirse, siendo exactos, que Claudia Andujar esté de moda
Brasil de noche
Porque en los sesenta ya vendía fotos a algunos de los periódicos más importantes de Brasil y del mundo. En São Paulo, fotografía la hiperactividad de una metrópoli que crece desbocada y de un país que acaba de inaugurar –literalmente y de la nada– una nueva capital. De la mano de Kubitschek y Goulart vivía un periodo infelizmente breve de euforia colectiva y progreso social. En ese sentido, su fotografía de la inauguración de la Bienal de São Paulo de 1961 es todo un manifiesto mudo del optimismo de ese momento de la Historia del Brasil: las multitudes que abarrotan las escaleras helicoidales del pabellón de Ibirapueradiseñadas por Niemeyersirven de emblema de la interesantísima variante de la Modernidad que supo construir Brasil desde los años treinta hasta el golpe militar de mediados de los sesenta.
Sus fotos a pie de calle recuerdan asuntos cerrados en falso
Quien ha sobrevolado Brasil de nocheno puede olvidar el espectáculo literalmente infernal de los mil focos de incendios madereros extendiéndose por toda la superficie oscura de la tierra hasta perderse de vista, como un averno de El Bosco puesto al día. Si tenemos en cuenta que incluso para un veto a medias y para un descenso siempre incierto de las tasas de deforestación han sido necesarias décadas de lucha y del trabajo de miles de personas, encontramos aún un valor suplementario al testimonio de esa lucha en las imágenes de Andujar.


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