En Vídeo
En imágenes
Con 126 distinciones, Galicia se erige un año más como la comunidad con mayor número de banderas azules ondeando en sus playas. Las razones de este triunfo hay que buscarlas en el elevado número de arenales que la costa gallega encadena (un 25 por ciento del total nacional) y, sobre todo, en la implicación ciudadana. Y es que esta mejora en la calidad de las playas gallegas confirma que hubo un antes y un después del vertido del «Prestige». Una catástrofe ambiental que originó a una marea blanca de solidaridad que ahora tiñe de azul el litoral.
"Tras el Prestige la gente tomó conciencia de que las playas formaban parte de su patrimonio"
El primer escollo que los arenales deben salvar es el de la calidad de sus aguas, que siempre tiene que alcanzar el nivel máximo de excelencia. En segundo lugar se tienen en cuenta los accesos a la playa, con especial atención a las infraestructuras destinadas a minusválidos. Los arenales que optan a este distintivo también deben contar con servicio de socorristas y con paneles informativos que expliquen a los visitantes qué servicios se ofrecen y si hay zonas protegidas en el lugar. Se valora, también, que incorporen datos educativos y de carácter medioambiental. En la lista de prohibiciones está el que los perros anden sueltos o los campings salvajes. Detalles que los técnicos que cada temporada visitan la costa tienen en cuenta en sus evaluaciones.
«No vamos a pillar»
Sin embargo, y tal y como detalló el presidente de Adeac a este medio, «nuestra gente no va a pillar ni a ver si las candidatas suspenden». «Lo que hacemos es examinar el entorno con los responsables municipales y explicarles los problemas que vamos viendo y las soluciones que en otros espacios se han encontrado para solventar esos problemas». Una afirmación que desmonta el mito de los hombres de negro y de las visitas inesperadas. Además, los ayuntamientos son avisados de la llegada de los técnicos —generalmente la Adeac envía a dos supervisores— con un par de días de antelación, sin lugar para la sorpresa.
Los informes resultantes de estas inspecciones, que se resumen en cuatro páginas, se completan con los elaborados por la Delegación de costas, por Aguas del Ministerio de Sanidad, con el informe de la inspección internacional y con el resultado de las quejas que se pueden haber recibido, tanto a nivel municipal como autonómico.
Tras este proceso, de las 800 candidatas que cada año aspiran a hacerse con una banderola, unas 165 se quedan en el camino. Las restantes se ponen en manos de un jurado internacional donde dos agencias de Naciones Unidas ratifican o no el listado que la Adeac les envía. «A veces desechan candidaturas que para nosotras eran dudosas y que dejamos a su juicio», explican desde el ente.
Faltas leves y graves
Tras meses de examen, la Asociación de Educación Ambiental hace pública la nómina de playas que serán reconocidas con el distintivo azul. Aunque el listado puede sufrir modificaciones a lo largo del año. Así, una queja ciudadana o las carencias en algún servicio (como el de salvamento) pueden derivar en una retirada de la bandera que, dependiendo de la gravedad, será temporal o definitiva. «Si la falta es leve, la bandera se retira durante una semana o quince días para que el municipio lo subsane. Si se trata de una falta grave, la bandera no solo se le retira el resto del año sino que es posible que afecte a su candidatura en temporadas posteriores», apunta José Ramón Sánchez Moro.
Este año, cuatro arenales gallegos perdieron el estandarte azul. En la otra cara de la moneda están las nuevas playas que, por primera vez, adquieren esta consideración.






