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Carlos Mira-Gil cumple condena por el asesinato en el año 2003 de José Rodríguez, su amigo y compañero de vivienda, que un día apareció muerto en el asiento trasero de su coche, un Chevrolet Camaro. Sucedió en la localidad de Plant City, al norte de Florida, el Estado donde fue a parar este joven murciano de 37 años que un día se fue en busca del «sueño americano» y que ha terminado en la cárcel de Tomoka, donde ya lleva encerrado nueve años.
Desde que fue sentenciado a «esta muerte en vida», como él lo califica, el preso murciano no ha contado con asistencia jurídica. Mira-Gil se ha convertido en su propio abogado y gracias a la ayuda del Consulado en Miami ha preparado esta nueva moción.
Explica en el documento que presentará ante la Corte lo mal que estuvo representado por su abogado J. Kenneth Littman. Según Carlos Mira-Gil «no es muy normal que un caso de homicidio dure sólo dos días». No hubo testigos ni evidencias físicas; nada, salvo los testimonios de una pareja de traficantes de droga con los que el murciano hacía negocios. Eran Michael Snowden y su novia, Christine McClain, quienes declararon a los investigadores que el español les había dicho que «había matado a su amigo». Por este testimonio, le condenaron por homicidio en primer grado con premeditación. Durante estos años, Mira-Gil ha intentado desmontar la declaración de McClain. Según el preso, esta mujer tenía dos órdenes de arresto, una por robar un coche y otra por robo con arma blanca, y negoció su libertad a cambio de testificar en su contra a cambio de recibir 500 dólares de los policías que llevaban la investigación. Durante el juicio, la defensa del español interrogó a McClain para que explicase si tanto ella como su novio tuvieron algún tipo de recompensa por parte de la Policía de Plant City. Quien no declaró fue su novio, Michael Snowden, otro testigo clave en el proceso.
En la moción que acaba de redactar Carlos Mira-Gil explica que a Snowden nunca le llamaron para testificar, aunque «mencionaron su nombre noventa y ocho veces en el juicio para hacer más creíble la versión del Estado». En el escrito alega «misconduct» (conducta impropia) por parte del Estado y mala asistencia de su abogado por no presentar alegaciones sobre este testigo que no testificó.



