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La cantidad de toros rechazados en Madrid, en época de mucho ganado sobrante en el campo, ha despertado las alarmas. Los corrales se convirtieron en mayo y algún día de junio en una sala de baile. Preguntamos al empresario de Las Ventas, José Antonio Martínez Uranga, el porqué de tanta danza.
—Están viniendo unos toros más flacos de lo normal, será que la crisis está afectando a la comida de los toros. Han venido menos rematados.
—¿Culpables?
—Los únicos que no tienen la culpa son veterinarios y autoridad. Ellos reconocen lo que se les presenta.
—Sus veedores han pinchado...
—Ellos ven las corridas en el mes de noviembre. Se prevé para el futuro, para meses después. ¡No vamos a esperar al 1 de mayo para comprar los toros!
—Se supone que el ganadero sabe lo que Madrid exige...
—El asunto depende de varios factores: el toro tiene que comer para que se cumplan las expectativas de trapío y, además, ahora los corren demasiado para que no se caigan. Los ganaderos están pasando un momento muy crítico, los costes se les han disparado.
—¿Y si los veterinarios visitasen las dehesas como en Sevilla?
—Para nosotros sería más cómodo, pero depende de que ellos quieran.
—¿La clave de por qué muchos toros no embisten?
—Canorea lo resumió bien: «Nosotros los compramos como buenos, los pagamos como muy buenos y luego salen malos». Eso sí, esta feria, ha habido toros que han servido y se han pinchado. Se podían haber cortado más orejas.







