Ciudad Real

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Cuando las administraciones no llegan hasta la pobreza

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Con el agravamiento de la crisis, instituciones solidarias están saliendo al rescate de miles de personas para frenar la caída al vacío de la indignidad humana

Día 10/06/2012

CIUDAD REAL

La crisis es palpable y profunda. Ésa es la reflexión que el director de Cáritas Ciudad Real, Manuel Piqueras, hace en voz alta. «La situación se hace insostenible para atender las peticiones diarias. Estamos desbordados», se lamenta. Desde hace un tiempo, las administraciones se encuentran bloqueadas, incapaces de dar respuesta a necesidades básicas de ciudadanos que, hasta hace unos años, disfrutaban del Estado del Bienestar en toda su dimensión. Hoy, la realidad se asoma a precipicios desconocidos y marcados por desconfianzas e inseguridades.

Las administraciones están desvalijadas y desubicadas en una realidad donde el protocolo ya no es la subvención, la ayuda burocrática sino «la solidaridad» o el voluntariado de, por ejemplo, 168 parroquias de la provincia de Ciudad Real que atienden cada año alrededor de 50.000 personas. Los ayuntamientos, cuenta Piqueras, desvían todas las peticiones de ayuda, en especial las básicas, a los centros y parroquias de Cáritas porque «no cuentan con medios para poder dar una respuesta».

A medida que la crisis ha ido mellando la economía familiar con tasas de paro en Ciudad Real por encima del 30% y con un descenso abrupto de la actividad industrial y comercial, el perfil demandante ha pasado del transeunte al traje de corbata. En 2011, según Piqueras han acogido a miles de personas con causas de «todo tipo». Pagar una mensualidad de un hipoteca, evitar un desahucio, el pago de un recibo de luz, un pequeño adelanto para pagar los estudios de un hijo, «necesidades del día a día» de un capitalismo que hoy busca la solidaridad «para salir adelante».

Victoria de la pobreza

El director de Cáritas de Ciudad Real habla ya de una «victoria» de la pobreza en muchos ámbitos de la sociedad. Cada día «hay más pobres» en domicilios donde la pensión de 500 euros de un matrimonio anciano está acobigando a familiares enteras con los hijos en el paro y, en algunos casos, «sin un hogar».

Ante la avalancha de estas necesidades, hay que añadir la falta de respuesta por parte de las administraciones, pero «no sólo porque nos deriven estas emergencias sino porque no están cumpliendo con los compromisos adquiridos». La situación es «crítica», advierten desde esta institución dependiente de la Iglesia Católica. En una reunión reciente de Cáritas Castilla-La Mancha con los obispos de la región, se apelaba «a la conciencia social de los políticos por apostar por los más pobres» y pagar a quienes están prestando su paraguas ante la tormenta financiera y crediticia.

Piqueras explica que la asistencia está perdiendo calidad por la cantidad de acogidas. Cáritas siempre se ha caracterizado por su cuidado seguimiento y acompañamiento de los más pobres, en especial, por los sin techo y drogodependientes. Ahora, en cambio, resulta más complicado cuando la «Junta de Comunidades está incumpliendo el pago» y las necesidades son mucho más exigentes y la liquidez escasea para poder atender a «gente que no tiene para pañales» o lo más básico: la comida.

De ahí que resurjan otras iniciativas que están teniendo éxito como el Banco de Alimentos de Ciudad Real. En 2011, este instrumento solidario recogió 565.000 kilos de alimentos para más de 5.000 familias que se reparten a través de más de 60 asociaciones en toda la provincia y que cada año de crisis aumentan tanto las asociaciones como las personas que acuden a ella en busca de leche, galletas, cereales y zumos que llegan, principalmente, del Fondo Español de Garantía Agraria, y de la voluntad de los ciudadanos que hacen sus entregas a través de operaciones 'kilos' de los hipermercados.

Durante estos años, también han surgido nuevos nichos, por ejemplo, de financiación a través de fondos solidarios para incentivar la contratación. Es el caso del Fondo Diocesano para el Empleo, un organismo vinculado a Cáritas pero que fue ideado por el obispo Antonio Algora.

Las administraciones, ahora preocupadas en deudas, primas de riesgo y sobre todo en el déficit, están dejando abrir nuevas fuentes de solidaridad al margen de la tutela pública. Por ejemplo, en Cáritas, el objetivo es depender cada vez menos de la financiación pública para que los donativos sean los tenedores de la obra social «impagable» de una red de miles de voluntarios.

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