Padres e Hijos

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Cómo recuperar la afición por los libros de los jóvenes «leedores obligados»

Día 21/12/2012 - 09.28h
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Las encuestas muestran una deserción masiva de la lectura en Secundaria, pero hay remedios al alcance de los padres

Durante años se acostaron junto a él cada noche y pese al cansancio acumulado del día se convirtieron en el intrépido Peter Pan o el malvado Capitán Garfio y soplaron -cuántas, ¿miles de veces?- las casas de los tres cerditos en el papel del Lobo Feroz. Escucharon con paciencia sus «pinitos» en la lectura -«ahora te lo cuento yo»- mientras los estantes se iban llenando con los años de historias de piratas, caballeros, dinosaurios o astronautas, que poco a poco fue leyendo solo. Sabían que los libros le proporcionarían nuevos mundos para hacer volar su imaginación y no escatimaron esfuerzos para hacer de él un buen lector. De niño lo consiguieron, pero algo se rompió en la adolescencia y hoy raro es el día en que le ven hojeando un ejemplar.

Es una realidad. «Haber leído de niño aumenta la probabilidad de que se lea de adulto. Sin embargo, todas las encuestas nos dicen que en la enseñanza secundaria se pierde la afición a la lectura. Los niños leen más que los adolescentes», señala el filósofo José Antonio Marina, autor junto a María de la Válgoma del libro «La magia de leer». Si bien el 100% de los niños de 10 a 13 años lee por «estudio», un 82,9% lo hace por ocio en su tiempo libre, un porcentaje que ha bajado 1,9 puntos con respecto a 2010 para situarse en la cifra más baja de los últimos cinco años, según el Barómetro de hábitos de lectura de 2011. En la encuesta, que elabora la Federación de Gremios de Editores de España, el 93,4% de los adolescentes afirmaba sin embargo que sus padres les leían cuando eran pequeños.

El 39,5% de los jóvenes de entre 14 y 24 años que no leen argumentaban en el estudio que no lo hacen porque no les gusta o no les interesa. ¿Por qué esa fobia a los libros?

Los expertos la denominan «desmotivación creciente» o «progresiva» causada por la sobrecarga de tareas escolares, la falta de tiempo, la saturación de lecturas obligatorias que no casan con sus gustos con la consiguiente «ficha» para rellenar, la falta de fluidez lectora o incluso la sobreabundancia actual de títulos que dificulta la selección. «Lectores entusiastas» pasan a convertirse en «leedores por obligación», según los califica el maestro asturiano Juan José Lage, Premio al Fomento de la Lectura en 2007.

«Las modas también pasan por los libros»

Uno de los errores más comunes que pueden cometer los padres en esta edad es recomendar a sus hijos libros de la época de cuando ellos eran jóvenes y que les gustaron «sin tener en cuenta que las modas también pasan sobre los libros y no podemos ofrecerles una época que no es la suya», constata el profesor, que lleva 30 años animando a leer a niños y jóvenes.

Marina apunta, por su parte, que no se debe confundir la lectura con el conocimiento de la historia de la literatura. «Los adolescentes no pueden disfrutar con los clásicos: son difíciles y lejanos», afirma.

La solución tampoco está a juicio de Lage en «atosigarlos, negarles otros divertimentos si no leen, o incluso negarles o regañarles por la lectura de libros que no se consideran «de su edad», sin tener en cuenta que la lectura es un proceso gradual, que se van subiendo peldaños poco a poco». Y añade: «Hay que dejarles leer de todo y esperar los resultados con paciencia».

Leer es compatible con la televisión, internet o la consola. «Estoy seguro de que si ponemos en manos de un niño un buen libro que despierte su curiosidad, lo preferirá a cualquier otro entretenimiento audiovisual», asegura el profesor asturiano basándose en su experiencia: «Cuando se les plantea leer un libro y a posteriori ver la película en cuestión, casi siempre al final una mayoría dice que le gusta más el libro que la película».

«Echar la culpa a los jóvenes de que no lean es muy fácil. Tal vez la culpa la tengamos los adultos que no servimos de modelo, que no damos ejemplo leyendo. O la sociedad en general, que no tiene entre sus preferencias la promoción de la lectura», añade.

¿Son recuperables estos «leedores por obligación»? «Pienso que sí. Hay que indagar en las causas de la deserción y tratar de encontrar los libros que estén cerca de sus inquietudes», considera Lage, seguro de que «siempre hay un libro para un lector, el caso es encontrarlo».

Para quien no sepa ni por dónde empezar en este caso, el Premio Nacional a la Lectura 2007 recomienda al autor británico Roald Dahl. «Mi experiencia a lo largo de 30 años fomentando la lectura me dice que sus libros se adaptan perfectamente a los gustos de los jóvenes. Es iconoclasta, con mucho humor, siempre presente un tono oral, con un lenguaje muy cinematográfico. Y puedo asegurar que he hecho muchos lectores con este autor» del que destaca especialmente dos de los relatos cortos de este escritor que se encuentra entre los diez más leídos por niños de entre 10 y 13 años, «La señora Bixby y el abrigo de visón» o «El hombre del paraguas».

Literatura «invisible»

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