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Sólo la mirada experta de quienes tuvieron la oportunidad de conocerla en funcionamiento hace más de tres décadas, cuando limpiaba los fondos de la bahía de Pasaia, pueden apreciar los pequeños detalles que aún restan por añadírsele. La draga 'Jaizkibel' se presentaba en sociedad «casi como nueva» tras el proceso de rehabilitación al que ha sido sometida durante los dos últimos años.
«Le falta la grúa pequeña que tenía arriba de la torreta de proa y algún otro elemento», señalaba José María Unsain, quien, junto a Soco Romano, logró rescatar esta emblemática embarcación del desguace. La salvaron «en el último momento», cuando iba a ser subastada. «José Mari fue a hablar con los chatarreros que estaban ya reunidos, mientras yo llamaba al Gobierno Vasco. En el último momento llegó el fax que informaba de que se modificaba el estatus de la draga», recordaba Romano.
Ambos paseaban por su cubierta «satisfechos» de que «después de muchos años de lucha, se ha conseguido que esté restaurada y en buen estado para que la gente pueda disfrutarla». Atrás quedaban «momentos muy difíciles, de «auténtico abandono», como indicaban sus 'salvadores', rememorando la época en que las llamadas de pasaitarras se sucedían alertando de que desconocidos la asaltaban para llevarse piezas que ya no pudieron recuperarse o aquel tiempo en que Bilbao la reclamaba como suya por haber sido construida en los astilleros Euskalduna, donde tuvo lugar su botadura en 1933.
A pesar de que en 1992 fue declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento por la Junta de Patrimonio del Gobierno Vasco, no fue hasta principios de 2010 cuando se optó por abordar su restauración. Entonces, la Autoridad Portuaria de Pasaia, la Diputación Foral de Gipuzkoa y el Ejecutivo Vasco decidían aunar esfuerzos para acometer un proyecto en el que se han invertido 640.000 euros.
«Ha sido una inversión importante», afirmaba ayer el presidente de la APP, Lucio Hernando, quien manifestaba que con su conclusión, «inauguramos una nueva etapa en la que la draga podrá volver a integrarse en nuestro paisaje como símbolo de una época, aunque, por desgracia, no sea posible volverla a hacer navegar».
En similares términos se expresaba el viceconsejero de Cultura, Antonio Rivera, para quien «un país como éste, que tanto debe a la industria, no puede ser tan reacio a mostrar cierto reconocimiento por aquellos instrumentos que le han servido o que ha utilizado para producir riqueza».
La diputada foral de Cultura, Juventud y Deporte, Ikerne Badiola, mostraba su alegría por haber recuperado «una de nuestras joyas» del patrimonio industrial. Más información en diariovasco.com




