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El poder de los libros

Pistas para animar a leer a los más pequeños

Día 09/06/2012 - 01.42h
El poder de los libros

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«Leer es vivir dos veces», decía el escritor Antonio Gamoneda, resumiendo en cinco palabras la importancia de la lectura. Novelas, biografías, poesías... encierran un mundo de palabras capaces de provocar sentimientos reales al que se accede con la llave de la lectura. «Los profesores sabemos que el alumno buen lector desarrolla mejor sus capacidades de comprensión, tiene más atenta la imaginación, se expresa mejor, y este es un bagaje que le acompañará de por vida», señala el profesor y escritor Juan José Lage Fernández, Premio Nacional al Fomento de la Lectura, en 2007.

El filósofo y ensayista José Antonio Marina explica que «la lectura nos ayuda a mejorar nuestra inteligencia» porque esta «es estructuralmente lingüística; pensamos, sentimos, dirigimos nuestra conducta con palabras», y, además, nos permite acceder a la cultura, «que es la experiencia de la humanidad». Sabedores del poder de los libros, los padres se afanan en que sus hijos los devoren, aunque a veces se sienten desorientados. Algunas pistas pueden ayudar.

No obligar a leer

La primera y quizá la clave es desterrar el dogma de que hay que leer. El escritor francés Daniel Pennac subraya en su obra «Como una novela» que el verbo leer, como el amar o el soñar, «no soporta el imperativo». Es inútil obligar a leer. No se transmite una afición por la fuerza. Sí hay que lograr que comprendan. «De lo contrario, leer es una tortura», asegura Marina. Ése es uno de los principales objetivos de la enseñanza Primaria. Después, añade el filósofo, «hay que saber enlazar la lectura con alguno de los tres grandes deseos del niño: pasarlo bien, sentirse reconocido, sentir que progresa». Juan José Lage subraya la importancia de que los niños vean a otras personas de su entorno leer. Si los padres no leen, difícilmente podrán convencerles de que se lo van a pasar bien leyendo. Las personas a las que les gusta leer normalmente han tenido algún familiar que les ha transmitido la pasión por los libros.

A viva voz

Resulta muy conveniente contarles historias. «El cuento narrado de viva voz es el camino que conduce, me atrevería a decir que infaliblemente, a la lectura», asegura Lolo Rico en su libro «Cómo hacer que tus hijos lean». ¿Hasta cuándo? El final suele coincidir con el inicio de la lectura, pero Rico advierte de que «no se les debe dejar con un libro entre las manos hasta que no esté uno seguro de que comprenden y de que han adquirido cierta agilidad».

Poner libros a su alcance es otro de los caminos. Regalar libros con cualquier excusa y llevarlos a librerías y bibliotecas sirve para excitar su curiosidad. Solo hay que tener en cuenta que no estén por encima de sus posibilidades para no defraudarlos. Un libro debe ir siempre un poco por delante del lector, para ayudarle a crecer, aunque Lage prefiere «pecar por defecto que por exceso».

Libros que pasan de moda

Hay que dejarles leer de todo y no pensar que los libros que a los padres les gustaron de niños serán del agrado de sus hijos. «Las modas también pasan por los libros», señala Lage, que añade: «Siempre hay un libro para un lector, el caso es encontrarlo». Marina aconseja no confundir la lectura con el conocimiento de la historia de la literatura. «Los adolescentes no pueden disfrutar con los clásicos: son difíciles y lejanos», asegura.

Hablar sobre los libros que hemos leído, los que nos han gustado o no, fomenta la lectura, pero debemos evitar que la conversación se convierta en un examen para ellos. ¿A quién no le molesta que le pregunten qué ha entendido?

Fobia en la adolescencia

«Hay un momento especial, en el cual la magia de leer puede hacerse presente con mayor facilidad, y es el momento de irse a la cama», aseguran Marina y María de la Válgoma. En su libro titulado precisamente «La magia de leer», aportan otra clave para inocular el virus de la lectura: convertir la televisión en aliada. Hay que huir del «hasta que lo acabes, no hay televisión». La televisión pasa a ser un premio y la lectura el peaje necesario hasta ella, una contradicción. Y puede ser la tele, internet o la consola... Los programas y películas preferidos pueden servir de brújula para buscar libros que se ajusten a sus gustos.
En algunos casos, niños a los que sus padres contaron cuentos de pequeños y lograron que se aficionaran a la lectura desarrollan una fobia a los libros cuando llegan a la adolescencia. Es lo que los expertos llaman «la desmotivación creciente» o «progresiva» causada por la sobrecarga de tareas escolares, la falta de tiempo, la saturación de lecturas obligatorias que no casan con sus gustos con la consiguiente «ficha» para rellenar, la falta de fluidez lectora o incluso la sobreabundancia actual de títulos que dificulta la selección. Las encuestas muestran que en la enseñanza Secundaria se pierde la afición y «lectores entusiastas» se convierten en «leedores por obligación», según los califica Lage. ¿Son recuperables? «Sí. Hay que indagar en las causas de la deserción y encontrar los libros que estén cerca de sus inquietudes».

Para quien no sepa por dónde empezar, Lage recomienda al autor británico Roald Dahl. «Mi experiencia a lo largo de treinta años fomentando la lectura me dice que sus libros se adaptan perfectamente a los gustos de los jóvenes. He hecho muchos lectores con este autor». Para adultos que quieran retomar la lectura, cita «David Copperfield», en el que Charles Dickens escribió: «Los niños nacen con el don innato de la curiosidad, que si no se excita, se desvanece».

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