Los padres a veces se sienten desorientados al afanarse en que sus hijos devoren libros
El filósofo y ensayista José Antonio Marina explica que «la lectura nos ayuda a mejorar nuestra inteligencia» porque esta «es estructuralmente lingüística; pensamos, sentimos, dirigimos nuestra conducta con palabras», y, además, nos permite acceder a la cultura, «que es la experiencia de la humanidad». Sabedores del poder de los libros, los padres se afanan en que sus hijos los devoren, aunque a veces se sienten desorientados. Algunas pistas pueden ayudar.
No obligar a leer
La primera y quizá la clave es desterrar el dogma de que hay que leer. El escritor francés Daniel Pennac subraya en su obra «Como una novela» que el verbo leer, como el amar o el soñar, «no soporta el imperativo». Es inútil obligar a leer. No se transmite una afición por la fuerza. Sí hay que lograr que comprendan. «De lo contrario, leer es una tortura», asegura Marina. Ése es uno de los principales objetivos de la enseñanza Primaria. Después, añade el filósofo, «hay que saber enlazar la lectura con alguno de los tres grandes deseos del niño: pasarlo bien, sentirse reconocido, sentir que progresa». Juan José Lage subraya la importancia de que los niños vean a otras personas de su entorno leer. Si los padres no leen, difícilmente podrán convencerles de que se lo van a pasar bien leyendo. Las personas a las que les gusta leer normalmente han tenido algún familiar que les ha transmitido la pasión por los libros.
A viva voz
Resulta muy conveniente contarles historias. «El cuento narrado de viva voz es el camino que conduce, me atrevería a decir que infaliblemente, a la lectura», asegura Lolo Rico en su libro «Cómo hacer que tus hijos lean». ¿Hasta cuándo? El final suele coincidir con el inicio de la lectura, pero Rico advierte de que «no se les debe dejar con un libro entre las manos hasta que no esté uno seguro de que comprenden y de que han adquirido cierta agilidad».
Poner libros a su alcance es otro de los caminos. Regalar libros con cualquier excusa y llevarlos a librerías y bibliotecas sirve para excitar su curiosidad. Solo hay que tener en cuenta que no estén por encima de sus posibilidades para no defraudarlos. Un libro debe ir siempre un poco por delante del lector, para ayudarle a crecer, aunque Lage prefiere «pecar por defecto que por exceso».
Libros que pasan de moda
Hay que dejarles leer de todo y no pensar que los libros que a los padres les gustaron de niños serán del agrado de sus hijos. «Las modas también pasan por los libros», señala Lage, que añade: «Siempre hay un libro para un lector, el caso es encontrarlo». Marina aconseja no confundir la lectura con el conocimiento de la historia de la literatura. «Los adolescentes no pueden disfrutar con los clásicos: son difíciles y lejanos», asegura.
Hablar sobre los libros que hemos leído, los que nos han gustado o no, fomenta la lectura, pero debemos evitar que la conversación se convierta en un examen para ellos. ¿A quién no le molesta que le pregunten qué ha entendido?
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Para quien no sepa por dónde empezar, Lage recomienda al autor británico Roald Dahl. «Mi experiencia a lo largo de treinta años fomentando la lectura me dice que sus libros se adaptan perfectamente a los gustos de los jóvenes. He hecho muchos lectores con este autor». Para adultos que quieran retomar la lectura, cita «David Copperfield», en el que Charles Dickens escribió: «Los niños nacen con el don innato de la curiosidad, que si no se excita, se desvanece».





