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El presidente turco Recep Tayyip Erdogan declaró ayer en la reunión de exportación de Turquía:«¿Cómo puede ser un ejemplo para Turquía un país que intenta recuperarse pidiendo 100.000 millones de dólares de limosna y que vende sus islas?». Erdogan contestaba así al líder del partido de la oposición Kemál Kilicdaroglu, líder del Partido Republicano Popular que hablando de la situación económica anunció que «se dice que la economía (turca) va por buen camino pero cuando los empleados piden un aumento de salario, se les dice que nos pasará como a Grecia».
El portavoz gubernamental griego Dimítris Tsiódras ha declarado que «Grecia espera de sus vecinos que respeten sus problemas en vez de alarmar. Turquía tiene todavía un largo camino por recorrer para alcanzar el PIB per cápita y actualmente reducido de Grecia. Sería mejor para nuestro país vecino que se ocupe de sus problemas, tratando al mismo tiempo de mantener una postura más constructiva en las relaciones bilaterales».
El partido conservador griego contestó a través de Pános Panayotópulos, responsable de temas internacionales, que «quien se alegra porque hay fuego cerca de la casa del vecino, pronto se verá en peligro por ese incendio. El primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan ha olvidado este antiguo refrán, tan conocido por los pueblos balcánicos. La arrogancia y el menosprecio, que caracterizan estas declaraciones, no le honran. Y no ayudan a las relaciones de buena vecindad y coexistencia pacífica entre los dos países». Más categórico ha sido el presidente del partido nacionalista LAOS, Yorgos Karatzaferis, que criticó estas declaraciones y recordó cómo exigía en el parlamento que se concediera una base griega a los rusos para que de esa manera protegieran el mar Egeo.











