Adolf Hitler tomó la decisión de hacerse una casa en Hollywood en 1933, año en el que los nazis tomaron el poder en Alemania. Desde aquel idílico paraje, en unos Estados Unidos supuestamente nazis y controlados por el Reich de los Mil Años, el «führer» iba a hacer y deshacer la política mundial a su antojo. Los filonazis de los Estados Unidos en los años 30, los «camisas plateadas», estaban tan convencidos de que la victoria de Hitler en la Segunda Guerra Mundial era inevitable que se gastaron millones de dólares en la construcción de este complejo de lujo a la espera de la llegada de su «führer».
La nazi estadounidense Jessie Murphy «invirtió» 66 millones de dólares
Tras la guerra, llegaron a vivir en la mansión una colonia de artistas y el novelista Henry Miller. El edificio, muy próximo a las casas de conocidos actores y directores de cine como Steven Spielberg, ha atraído a curiosos, historiadores y neonazis. Está planeado que las palas excavadoras derriben el complejo para hacer sitio a una nueva zona habilitada para la práctica del pícnic. Hitler no pudo estrenar su casa californiana. En vez de vivir sus últimos momentos frente al Pacífico los pasó en un búnker en Berlín, donde acabó suicidándose.













