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Ven la luz veinte sonatas inéditas del «padre Soler», discípulo de Scarlatti

Día 06/06/2012 - 04.15h
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Reunidas por el compositor Enrique Igoa y publicadas por la Editorial Piles, ha colaborado en el proyecto, que incluye la grabación de un disco, la Fundación Antonio Camuñas

Ven la luz veinte sonatas inéditas del «padre Soler», discípulo de Scarlatti
JOSÉ ALFONSO
el compositor Enrique Igoa, responsable de esta nueva investigación sobre la obra del «padre Soler»

La obra del compositor y clavecinista Antonio Soler (Olot, 1729-San Lorenzo de El Escorial, 1783), más conocido como «el padre Soler», está viviendo un momento de esplendor a decir del número de grabaciones que en los últimos años han aparecido. Pianistas como Luis Fernando Pérez e Iván Martín han querido rendir tributo (mucho antes lo hizo Alicia de Larrocha) a uno de nuestro grandes compositores, cuyo talento fue oscurecido por la sombra alargada de uno de sus maestros, Domenico Scarlatti.

La influencia de éste sobre Soler es indiscutible pero eso no le resta méritos al español. «Tenemos una imagen muy reducida de él. No es mejor ni peor que Scarlatti, es diferente», indica Enrique Igoa, para quien el compositor catalán supo absorber las novedades musicales que llegaban de Europa. «Al final de su vida creativa hacia sonatas mucho más cercanas al estilo vienés. No era monolítico, evolucionó buscando otras vías e incorporó soluciones muy imaginativas a sus sonatas».

El compositor Enrique Igoa arroja ahora algo más de luz sobre la obra de Soler a través de una investigación que surgió de una tesis doctoral. «Mi intención era realizar un análisis de las sonatas que compuso Antonio Soler para teclado». Una cantidad que asciende a 140, si se suman las veinte que acaba de reunir, analizar y editar Igoa. Una labor que le ha llevado más de dos años y que ha contado con el inestimable apoyo de la Fundación Antonio Camuñas y la Editorial Piles.

Atribuciones erróneas

Si bien ya existía una edición de 120 sonatas, a cargo de Samuel Rubio, publicadas a mediados del siglo XX por la desaparecida Unión Musical Española (UME), la muerte del musicólogo dejó inconcluso el trabajo. Ese ha sido el punto de partida para Igoa: recopilar y editar aquellas obras que hasta ahora no habían sido localizadas o que, por error, habían sido atribuidas a otros, como es el caso de dos partituras que albergaba la Yale School of Music (New Haven) y que eran consideradas fruto de la mano de Scarlatti.

Ahora, sin ningún género de duda sobre su autoría, Igoa las ha incorporado al catálogo de Soler con el número 155 y 156. «Son suyas por el estilo, y también porque después encontré un duplicado en Barcelona, en el Instituto de Musicología», argumenta.

No son las únicas atribuciones falsas que ha sufrido Soler. También ha tenido que subsanar las concedidas a Giuseppe Viñals, un joven monje de 16 años, copista en Montserrat. En este caso se trata de un grupo de sonatas que el compositor dedicó al Infante don Gabriel, a quien «desde 1776 le dedicaba cada año, hasta su muerte, seis sonatas nuevas»

Igoa reparte méritos y señala que alguna de estas veinte sonatas habían sido ya editadas «por Frederick Marvin, un teclista americano», mientras que otras, como la número 129, «habían sido dadas por perdidas, por culpa de una notación errónea», que se ha encargado de corregir, dando paso así a su estreno mundial, a cargo del pianista Luis Fernando Pérez.

Para estudiar estas 20 sonatas, Igoa ha tenido que revisar las distintas ediciones de las 120 anteriores, lo que le ha permitido comprobar que el rigor musicológico «no era todo lo bueno que tenía que ser. Si he aprendido algo ha sido gracias a las ediciones inglesas, que son modélicas. Allí tienen un interés enorme por nuestra música: la han editado, grabado y tocado», dice con cierta envidia.

Problemas de financiación

Alemania, Reino Unido y el Monasterio de Montserrat han sido algunos de los lugares donde se encontraba disperso el legado de Soler, y que Igoa se ha encargado de rescatar y reubicar históricamente. Algo para lo que era preciso un apoyo financiero, que tardó en llegar. «Este trabajo estaba hecho hace más de dos años, pero ¿quién lo pagaba?».

Hablar sobre la edición musical en España es abrir una vieja herida. Eterna asignatura pendiente, muchos compositores optan por editar sus partituras en otros países, donde les brindan una mayor cobertura. En el caso de estas sonatas, la Fundación Camuñas fue quien apoyó el proyecto y la Editorial Piles le dio forma.

«Creo que es un edición modélica, precisa y rigurosa», afirma con orgullo. La iniciativa se completa con una segunda parte: la grabación de parte de estas sonatas, labor encomendada a Luis Ricoy, alumno de Igoa. El disco, grabado por el sello Several Records, saldrá a la calle en junio.

Igoa se siente orgulloso de que el producto final sea cien por cien español, aunque, confiesa, estuvo tentado de llevarse el proyecto a Suiza o Alemania. «Hemos conseguido hacerlo en España. Aquí se pueden hacer cosas pero falla el apoyo institucional».

Y se muestra satisfecho al afirmar que al menos la obra para teclado «ya está casi toda editada, mientras que de la religosa tan solo hay cinco, a lo sumo diez obras publicadas, de un total de trescientas. En España no hay una Sociedad Soler, como hay en Alemania una Sociedad Bruckner», se lamenta. Pero esa ya es otra historia...

Vocación musical

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NATIVIDAD PULIDO Es uno de los artistas más singulares del Renacimiento español. Se dedicó exclusivamente a la pintura religiosa, pero fue tremendamente original

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