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Está considerada la marca de artículos de lujo más valiosa del mundo. Pero en los mercadillos y rastros de la mayoría de ciudades españolas se venden sus bolsos por tan solo 20 euros. La única diferencia entre éstos «Louis Vuitton» y los de los escaparates de Serrano, Goya y Velázquez son —además de los más de 500 euros que cuestan en las tiendas de lujo— el plástico en asas e interiores, alguna costura imperfecta o pliegues de mala calidad. A simple vista, son exactamente iguales. Solo que el del mercadillo es una falsificación.
El negocio de la falsificación mueve más de 500.000 millones de euros al año
España es un paraíso para este tipo de negocio, pues consumir falsificaciones o imitaciones en lugar de originales está más aceptado que en otros países europeos como Francia, donde existen multas para los compradores. Según datos de la Cámara de Comercio de Madrid y la Asociación Nacional de Defensa de la Marca (Andema), uno de cada seis consumidores españoles admite comprar falsificaciones a pesar de conocer que lo que adquieren no es auténtico. Además, la crisis hace aún más atractivo consumir productos falsificados cuyo precio es hasta diez veces menor que el original.
La Policía y la Guardia Civil se incautaron en 2011 de casi 9 millones de objetos falsificados, valorados en más de 694 millones de euros, según el balance de la lucha de los delitos contra la propiedad industrial e intelectual hecho público este lunes por el Ministerio del Interior.
Del total de intervenciones, siete de cada diez son productos correspondientes a propiedad industrial —juguetes, electrónica, textil, calzado, complementos, cosméticos o relojes— mientras que los otros tres, a la propiedad intelectual —cds, dvds, o material reprográfico—.
Cataluña, Andalucía y Madrid, a la cabeza
Cuidado con los juguetes falsificados
Por sectores, el más perjudicado en 2011 fue el de los cds, dvds y análogos, con un 28,1 por ciento del total. Sin embargo, el número de objetos intervenidos ha disminuido con respecto al año anterior. Expertos policiales explican este descenso en una inclinación de los gustos del consumidor hacia el mundo virtual e Internet, en detrimento de los soportes físicos.
La electrónica y la maquinaria suman un 21,3 por ciento del total, mientras que las falsificaciones de juguetes se elevan al 7,8 por ciento, por encima del textil.
La Policía advierte de los peligros que las falsificaciones e imitaciones de juguetes suponen para la salud y la seguridad. Este tipo de juguetes no pasa ningún control de calidad y llevan componentes tóxicos o piezas pequeñas que pueden desprenderse con facilidad.
De la manta al vertedero
Uno de los productos más imitados son los bolsos de Louis Vuitton, la segunda marca falsa más comprada en marroquinería y complementos después de Tous.
Estos productos son símbolo de lujo y de un alto poder adquisitivo, y numerosos sociólogos aseguran que su atractivo radica en que llevar marcas produce una gran satisfacción, incluso aunque éstas sean falsas.
El destino de estos productos es muy distinto al de sus «gemelos» originales. La ley obliga a que acaben en el vertedero.









