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«La mujer de sombra», la novela más violenta de Luisgé Martín

En «La mujer de sombra», publicada por Anagrama, Luisgé Martín logra que el lector asuma aquello que le causa horror

Día 05/06/2012 - 12.05h

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Luisgé Martín forma parte de un grupo de jóvenes escritores españoles que aportan aire nuevo a la narrativa, sin necesidad de plegarse a falsas rupturas, asesinatos de la Historia, el fácil mecanismo de cortar y pegar o el mimetismo de los géneros de internet. La renovación arranca aquí de otra parte. Su autor perfila una historia poderosamente armada cuya principal característica es haber equilibrado la trama externa, una serie de sucesos ocurridos a Eusebio, su protagonista, con otra interna, que camina hacia dentro, hasta llegar a los atroces desvanes de una psicología sexual enferma, que le atraen cada vez más. De manera que la novela discurre como si Eusebio se descubriera a sí mismo, situándose en el quicio de dos caras.

El personaje se va sabiendo víctima de un personalidad escindida, como un doctor Jekyll y un Mr. Hyde que no se conocieran y cuya dualidad agónica la novela destapa a la vez que el personaje lo hace. En ese vaivén entre los hechos y la perversión, Eusebio traza los pasos de su destino, atrapado en la telaraña de un agujero oscuro, que sabe peligroso, pero que le atrae.

La mujer de sombra es una novela muy dura, una de las más violentas que he leído en mucho tiempo, pero cuya violencia se da sin golpe alguno: es psicológica. También es deudora de las prácticas sexuales, virtuales o reales, a las que Eusebio se entrega, que contienen escenas de pedofilia y sadomasoquismo y que, por tanto, contribuyen a que el lector se sienta golpeado, removido con desagrado, pero al mismo tiempo reconocido por la mesura con que en el fondo van apareciendo, pese a ser bastante explícitas.

Dos zonas de voyeurismo

El índice que mide mejor la calidad de Luisgé Martín como escritor radica aquí. No hay regodeo, no hay fáciles concesiones a la procacidad. Lo procaz, que abunda, es narrado de un modo bastante aséptico, como si se tratase de indagar psiquiátricamente en un caso de dependencia psicológica respecto a lo oscuro, el arcano agujero de los secretos.

Para el logro de esta extraña cualidad, que hace asumible en el lector aquello que le causa horror, es muy importante el estilo narrativo. Su eficacia radica en la elección del tiempo verbal presente para una narración heterodiegética, externa, en tercera persona, que le da un tono de informe. También en el acierto de una focalización mixta, que combina lo externo y lo interno, pues muchas cosas las vamos viendo desde los ojos del personaje; también desde el reflejo que los hechos contados tiene en sus angustias interiores.

Quizá el talento de Luisgé Martín radique en haber acompasado muy bien las dos zonas del voyeurismo en que se va resolviendo la atracción de Eusebio por lo escabroso: su ansia por adentrarse en lo que repudia y califica moralmente como un mal objetivo, pero que le atrae por hacerle protagonista de lo desconocido de sí mismo. Este mecanismo se concreta en la poderosa escena con la niña prostituta en Bangkok y va ordenándose en un crescendo a lo largo de la trama.

Atracción por el abismo

La novela comienza al recibir Eusebio una confidencia de su amigo Guillermo sobre sus secretas prácticas sadomasoquistas con Marcia, mujer a la que, una vez muerto Guillermo en accidente, Eusebio se obstina en encontrar. Aunque no me haya parecido muy bien resuelta, y desde luego no a la altura de su habilidad narrativa, la facilidad con que llega a Julia y ese golpe de corazón enamoradizo, lo cierto es que, situado ya en la duda respecto a la personalidad de Julia, la novela discurre en una bien administrada caída de Eusebio en las redes de su atracción por el abismo. Tal tendencia tiene su explicación en el apetito por conocer los secretos oscuros que puede haber tras las conductas o vidas aparentemente más normales.

Los casos concretos que va destapando en gente más cercana y su entrada en chats eróticos refuerzan la idea de un escondido secreto en su mujer, hasta que esa obsesión le lleva al desastre. En este sentido, la novela desarrolla el lema del antetexto de Céline: «Todo lo que es interesante ocurre en la sombra. No se sabe nada de la verdadera historia de los hombres».

La atmósfera psicológica llega a ser agobiante, como los espacios elegidos. Quizá para los lectores pueda ser indicativa la cercanía del estilo de Luisgé Martín con el que desarrolla Steve McQueen en su reciente película Shame. El personaje encarnado por Michael Fassbender y Eusebio comparten un mismo existencialismo trágico y no dominan sus perversiones. La habilidad de Luisgé Martín es haber conseguido que las condiciones de lo horrible no susciten en el lector rechazo frontal al nutrir una buena novela.

La mujer de sombra

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