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En el destacamento de Tráfico de Perillo, en la provincia de La Coruña, se recogen cada mes unos cinco sobres con muestras de sangre procedentes de denuncias por alcoholemia. El destino final de estas pruebas es el Laboratorio Anatómico Forense de la capital gallega, a donde la sangre ha de llegar sin que se rompa la conocida como «cadena de custodia», que obliga a que todas las pruebas —sobre todo las vinculadas con delitos de prisión, como es el caso— estén protegidas por un agente. Un proceso que en esta comandancia se incumple de manera sistemática desde hace más de ocho años.
Y es que todas las analíticas que los agentes realizan a aquellos conductores que deciden someterse al control sanguíneo —en lugar de los test tradicionales por aspiración—van a parar a una nevera ubicada en los bajos del destacamento, junto a los garajes, los talleres y los baños. En este refrigerador comercial —tal y como muestran las fotografías que acompañan a esta información—, las pruebas de sangre se mezclan con las bebidas de los guardia civiles que trabajan en el lugar. Una realidad que los agentes destinados en esta comandancia confirman a ABC. «Es una nevera que se puso para que la gente guarde el bocadillo, pero que no está en el inventario. A veces los tapones de las extracciones están mal cerrados y hasta manchan la nevera y lo que hay en ella. Todos lo hemos visto y nos hemos quejado por ello», censuran.
Después de estar varios días en la nevera, 200 personas han tenido acceso a esas pruebas
Durante los últimos ocho años, el destacamento de Perillo ha tramitado alrededor de quinientas denuncias por embriaguez que, a la vista de estas irregularidades, podrían convertirse en objeto de recurso. Sin embargo, las instalaciones de este destacamento y todo su mobiliario pasan sin problemas la revisión a la que anualmente son sometidos todos las comandancias. «Cada año en la Guardia Civil, por ley, se revisan las instalaciones y el material, uno por uno. Todo está numerado y perfectamente inventariado y es obligatorio que se haga una vez al año, igual que con el armamento. Pero de la nevera con moho nunca han dicho nada», reconocen los efectivos.
Miles de juicios nulos
Una situación preocupante, puesto que, tal y como insisten, «cualquier persona podría ser indemnizada ante la invalidación de las pruebas». Así, calculan que en los últimos cinco años —plazo legal permitido— se podrían llegar a declarar hasta un millar de juicios nulos.
Con todo, la situación parece estar solventada, aunque «a medias». Ante la amenaza de hacer público este asunto parece que la dirección de la comandancia ha tomado las primeras medidas para frenar una demanda que se extiende en el tiempo. La insalubre nevera, tal y como han confirmado las mismas fuentes a este diario, ha sido relevada hace unos días por una tipo vinacoteca que han localizado en la sala de radio. Solución que podría llegar a ser legal de no ser porque no queda registro firmado del personal que accede a los contenidos de su interior a lo largo del día ni tiene el candado correspondiente.
También queda por solventar el problema del traslado de las analíticas de sangre desde las instalaciones de la Guardia Civil hasta el laboratorio compostelano. Un viaje de algo más de un hora que se realiza en un vehículo que carece de una nevera portátil que mantenga refrigerada la sangre para que ésta no se altere. «A veces va todo el camino pegándoles el sol», critican los agentes encargados de transportar las diligencias de una ciudad a otra.






