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Andan en el PSOE desesperados por convencer de que lo que Rubalcaba tiene dentro de casa no es una batalla desatada por la presión de los críticos que le piden más dureza opositora, y en el PP por todo lo contrario.
Ayer, desde las filas del grupo que sostiene al Gobierno se afanaban por tratar de rentabilizar el hecho de que los socialistas acabaran el miércoles pidiendo en el Congreso una comisión de investigación sobre Bankia, tal como había reclamado en voz alta Carme Chacón en una reunión a puerta cerrada a principios de semana. El entorno de la ex ministra confesaba sorpresa por la gran repercusión que ha acabado teniendo aquella intervención, al tiempo que negaban que ella hubiera tenido intención de retar al secretario general cuando expresó su posición.
Rentabilizar la brecha
Pero en contra de esa lectura conciliadora, y abundando en la existencia de la brecha abierta en el PSOE, por los pasillos del Congreso se extendió el jueves el cuento -en principio, tan falsario como interesado- de que una parte de los diputados había rechazado firmar la solicitud de la investigación parlamentaria sobre Bankia. La portavoz socialista tuvo que salir a frenar el «bulo», como lo denominó un diputado próximo a Carme Chacón, que no dudó en apuntar como autores «a los del otro lado del hemiciclo». Si en los formularios faltaban rúbricas, dijeron, es simplemente porque la petición que presenta el Grupo es válida en cuanto incluye 70 firmas, y no se necesita rellenar el resto.
Entre explicaciones, cambios de opinión, giros inesperados y contradicciones, la confusión ha imperado en el PSOE en los últimos cuatro días. «Rubalcaba está atado de pies y manos por Carme Chacón» era el mensaje que intentaban imponer a toda costa los populares, dispuestos a sacar ganancias del revuelto río socialista donde, para mayor caos, ayer fueron incapaces hasta el último minuto de despejar cuál iba a ser su voto en la convalidación de la reforma financiera.
Al final fue una abstención, una salida cómoda (un «sí» hubiera soliviantado a los críticos, un «no» hubiera sido tachado de irresponsabilidad con el actual escenario económico de fondo), pero que resultó desconcertante. Sobre todo después de que el portavoz de Economía del PSOE, el ex ministro Valeriano Gómez, hubiera planteado por la mañana en el plenario un duro discurso que parecía rechazar por completo el decreto-ley de reestructuración de la banca. Gómez había quedado en evidencia la tarde anterior cuando negó en declaraciones en los pasillos que su Grupo fuera a reclamar la tan traída investigación parlamentaria sobre Bankia cuando, prácticamente, el diputado Eduardo Madina estaba presentando ya la solicitud en el registro de la Cámara.
Difícil equilibrio
Rubalcaba quiso compensar a Gómez alabándole ayer largamente en público. También trató de defender a toda costa que él mismo, -y no porque lo pidiera Chacón, y Tomás Gómez u Odón Elorza, entre otros-, ya había advertido esta semana que acabaría pidiendo una investigación sobre Bankia si el PP no aceptaba las comparecencias en sede parlamentaria (Miguel Ángel Fernández Ordóñez, Rodrigo Rato, Miguel Blesa…) que habían pedido los socialistas. Esa no fue siempre su postura. En cualquier caso, la estrategia de los populares, confundiendo y dilatando sus verdaderas intenciones con respecto a esas declaraciones, hizo el resto hasta llevar al PSOE –“por exasperación”, precisaba ayer una diputada- a solicitar efectivamente esa comisión, que no prosperará debido al veto del propio PP.
Alrededor de Rubalcaba no quieren ni oír hablar de sectores enfrentados, de chaconismos o de liderazgos cuestionados. Si hay zozobra interna, excusan, es lo natural cuando existe el solemne empeño del secretario del PSOE de buscar en su gestión el equilibrio «entre la responsabilidad de Estado y oposición».









