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Ha vuelto. Trajinando entre bastidores o en zonas de sombra, pero ya está aquí. Carme Chacón solo ha dejado pasar cuatro meses desde su derrota en el 38 Congreso Federal del PSOE para empezar a amargarle la existencia a Alfredo Pérez Rubalcaba, su verdugo en aquel cónclave celebrado los primeros días de febrero a orillas del Guadalquivir, en un hotel sevillano llamado Renacimiento.
Chacón y sus «chaconistas» se consolidan como corriente crítica, y martirio, de Rubalcaba
No hay día que Chacón y sus «chaconistas» no se conviertan en corriente crítica contra los mandatos y estrategias que salen de Ferraz, sobre todo en asuntos económicos. Ocurrió con la comisión parlamentaria de investigación sobre Bankia, a la que han llevado a rastras a Rubalcaba, y más recientemente con la reforma del sistema financiero, donde al final el PSOE se ha abstenido cuando el criterio del secretario general era dar un sí.
Sin que se haya sustanciado la caza de «chivata» oficial en la Ejecutiva, que el propio líder socialista dijo haber detectado, las fuerzas «chaconistas» parecen perfectamente organizadas. Y como han visto que los dos primeros mordiscos han revelado la vulnerabilidad de Rubalcaba, es más que probable que ya no cejen en su acoso. Los sondeos internos, además, les acompañan, pues señalan que gran parte de los votantes socialistas no aprueban la gestión del secretario general.
Aquella Carme Chacón que se presentó vestida de Tío Pepe (chaquetilla roja y pantalón negro) en Olula del Río para liderar el PSOE ha vuelto, para tormento de quien creyó que le había dado guillotina en el hotel Renacimiento una soleada mañana de febrero.





