Economía

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«Que no vale más que un real...»

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Día 01/06/2012 - 13.08h

Ha sido presentarse Soraya en Washington y marcar la prima de riesgo española un nuevo récord. Un pelotazo. Un viaje de los de antes, cuando Clavijo, el de la ruta de la seda de finales del siglo XV. Ya puesta, la vicepresidenta debería plantearse la oportunidad de prolongar el circuito y darse una vuelta por unos cuantos despachos más, a ver si llegamos a los setecientos puntos. Es cosa de ponerse y de mantener la confianza no ya en España, sino en una forma de comunicación medieval que está fuera del tiempo y que, aún peor, ignora el instrumental disponible.

Mucho twitter de campaña y mucho youtube para hacer propaganda de partido, sección juvenil y deportes, planta quinta, pero a la hora de la verdad hay que ir en persona a los sitios. Hay que estar, pero da la impresión de que internet permite ser, pero no estar, o al revés, la cosa no está clara del todo y así les va a los políticos. Esto no es nuevo: también Obama, pionero y falso profeta de las redes sociales, dale al WhatsApp, se desplazó el pasado verano al Medio Oeste estadounidense para recorrerlo en furgoneta, el road bus one se llamaba o algo parecido, y convencer a la gente del campo de sus progresos sociales y fiscales. Como diría Hugo Chávez, persónese.

No tiene mucho sentido que Soraya vindique el exotismo comunicativo a estas alturas. Incluso resulta contraproducente, por las sospechas que levanta cualquier fórmula relacionada con el buzoneo y esas maneras de Avón llama a tu puerta que ahora inspiran a los de las compañías del gas. Las reuniones de Tupperware están bien de vez en cuando y sin que vengan a cuento, pero sin esa ansiedad vendedora que manifiestan y transmiten los ministros de España cuando salen de gira. Lo que venden es desesperación.

Un llamada de Merkel, que es la que de verdad manda, es suficiente. O un correo electrónico, o un sms, o un vídeo grabado con la cámara el móvil, que da más miedo, recién levantada, lo que sea, pero ya. Mandar de gira a un ministro de la subsede española del negocio es como tratar de vender enciclopedias por los pisos, porque los datos viajan más rápido -ayer, los del Eurostat- y son percibidos con mayor apertura de orejas en los destinos. «Llévelo usted señorito,/ que no vale mas que un real,/ cómpreme usted este ramito,/ cómpreme usted este ramito, pa lucirlo en el ojal». Esto era «La violetera». Soraya vende deuda. De puerta en puerta.

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