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Oklahoma estrenó por fin su casillero de victorias en la final del Oeste tras superar en el Chesaspeake Arena a los San Antonio Spurs (102-82) con una gran actuación de Kevin Durant (22 puntos).
Venían los Thunder dolidos de Texas. Habían perdido dos partidos que podían haber ganado perfectamente y con esa presión afrontaban el tercer encuentro de la serie. El pabellón completamente teñido de azul metió la primera canasta, el resto llegaron de la mano de Durant y compañía, cuyo acierto anoche se combinó con una gran defensa sobre Parket que ahogó el juego de los Spurs.
Desde el arranque se vio que el encuentro iba a ser sencillo para los Thunder. Un parcial de 8-0 sentó las bases de la victoria, con un Kevin Durant desatado, al que los Spurs no supieron parar. Esta vez, Popovich no encontró en el banquillo la receta milagrosa para dar la vuelta al partido. Ni Manu Ginóbili ni Stephen Jackson fueron el revulsivo de otras noches, mientras la ventaja de Oklahoma iba aumentando con el paso de los minutos.
Distancia holgada
Al descanso, la diferencia era ya de trece puntos (54-41) y las cosas no mejoraron para los Spurs tras el paso por los vestuarios. El equipo texano siguió acumulando pérdidas (21 al final del encuentro), lastrando su juego ofensivo, mientras Sefolosha martilleaba el aro desde la línea de tres.
Con el choque decidido, comenzó el show de Ibaka. El hispanocongoleño, muy gris hasta ese momento, hizo dos tapones consecutivos sobre Anthony Parker, que encendieron los ánimos en la grada antes del último cuarto. Esos minutos finales sirvieron para poco. Si acaso para reafirmar que los Thunder, a pesar de sus dos primeras derrotas, continúan siendo un aspirante al anillo.






