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El tren del recorte sigue avanzando con Merkel gritando «más madera» y Rajoy echando leña al fuego y sudando la gota gorda. Europa nos da un año más para llegar a destino, pero a cambio nos impone nuevas paradas que alargan el trayecto. Ambas noticias tienen vertientes positivas para el Gobierno Rajoy, porque la primera le da margen para seguir echando leña al fuego y la segunda le quita el sambenito de maquinista del tren del recorte: sí, el tren paró en la estación del Impuesto, y en la de la Indemnización por despido; paró en todas menos en Pensiones.
En algunas de ellas muchos pasajeros amenazaron con apearse, como en Reforma Laboral o en Rescate de Bankia, y en otras dio la sensación que el tren no era capaz de arrancar de nuevo, en parte porque los pasajeros socialistas no colaboraron echando combustible a las llamas. Eso sucedió en Recortes en Educación y en Sanidad, donde el apeadero estaba atestado de manifestantes enemigos del ferrocarril.
El tren del recorte circula a todo trapo por la única vía por la que tiene sentido: destino, el futuro. Por dónde: austeridad. La amenaza de descarrilamiento sigue ahí, porque la catenaria del tren del recorte se llama prima de riesgo y en estos momentos está al rojo vivo. Ayer, el tren salió de Reforma Financiera (IV) con destino incierto: en estos momentos avanza hacia territorios inexplorados mientas la maquinista Merkel grita convencida que a Eldorado se llega pasando por Comunidades autónomas, Jubilación, Prestación por desempleo o IVA. Entre los vagones populares, cada vez más ligeros, empieza a cobrar peso un rumor sobre si el tren del recorte hará alguna parada en una estación llamada Clase Política. «Si no existe esa estación, habría que inventarla», comentan en turista.





