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Alessandro Mari debutó en la literatura hablando de un vendedor de estiércol. Colombino, uno de los personajes de su primera novela, «Tan humana esperanza» (Seix Barral), se dedica a llevar y traer boñigas, robarlas, mezclarlas y venderlas después de que un sacerdote las bendiga. Un ingeniero de mierda que da comienzo a un relato histórico de 860 páginas –sin contar preliminares ni epílogos– escrita en clave de humor, con un lenguaje ottocentesco y expresiones dialectales de la época.
Mari sorprendió a la crítica italiana en 2011 con un feuilleton moderno (un folletín, una historia repartida por entregas) con la estructura de una serie de televisión. La novela está ambientada en la primera mitad del siglo XIX, cuando la península Itálica aún estaba dividida en estados, y relata, a través de sus personajes, cómo germinó el Risorgimento (el nacimiento de la nación italiana) entre las clases populares. «No es fácil escribir sobre ello, te pueden atacar por cualquier frente...», asegura.
Cuatro soñadores vertebran la novela: el huérfano y locamente enamorado Colombino; Leda, una joven huida de un convento; Lisander, un pintor espabilado que conquista a una dama de la aristocracia y Garibaldi, pieza clave de la unificación italiana. Algunos datos serán desconocidos para el lector, pero el libro no pretende ser una lección de historia, advierte Mari. «No hay que obsesionarse por conocer el contexto de la obra antes de sumergirse en ella. Eso es querer 'leer' el mundo, ¡pero no leer la novela!», bromea. «A mí me interesa más saber qué plantaban en el huerto que el nombre del rey en aquel momento».
Para ilustrar su opinión, cuenta el caso del escritor Peter Carey, a quien un amigo le recomendó incluir un bibliografía en una de sus obras. A lo que Carey contestó: «Al lector le será tan útil como a un delfín un martillo».
Forma y fondo
La sucesión de capítulos en forma de escenas otorga una dimensión televisiva al libro. «Es como ver muchos capítulos seguidos de una misma telenovela», escribió el crítico Paolo Mauri en La Repubblica. «Alessandro emplea continuamente encuadres cinematográficos», recoge otro periódico. «Aporto muchos detalles para que el lector pueda ver la historia», señala el escritor. El efecto serial se consigue también con la introducción de gags de humor en los que casi se pueden oír las risas enlatadas de fondo. El tono general de la novela es desenfadado y rosa. «Algunos personajes tienen vidas bastante dramáticas... ¿Por qué no emplear la ironía para suavizar sus desgracias?».
«Las series de televisión han aprendido de la lietratura del Ottocento»
Junto a la estructura, el léxico es una de las peculiaridades del texto.«La historia tenía que ser contada con esas palabras», responde sin dudar de que su elección.Una aproximación fiel al universo de los personajes (al campo, al arte, al mar del 1800) requería «una lengua que ya no existe». «No podría haberlo descrito con el lenguaje actual», señala.
Crítico y personal
Los personajes de «Tan humana esperanza» guardan cierta similitud con la juventud actual. Ambas generaciones se enfrentan a un punto de inflexión en la Historia y a su renacimiento particular: el de Italia en el primer caso, el de la democracia europea en el segundo. «Los jóvenes han nacido para protestar, al menos, hasta los 30 años», sonríe. La diferencia entre el siglo XIX italiano y la actualidad es la actitud ante el deseo de cambio: «Italia estaba quieta bajo la dominació, pero los jóvenes tuvieron el coraje desoñar un mundo distinto y dejaron de aceptar el statu quo», explica el escritor.
«Nosotros criticamos el sistema pero no proponemos una dirección concreta. Hay grandes movimientos, como los 'indignados', pero se dispersan porque no concentran sus fuerzas en un mismo sentido». También es cierto, añade, que no hay gente de 50 años dispuesta a cambiar de rumbo, «en el Risorgimento sí que la hubo».
«Criticamos el sistema pero no proponemos caminos concretos»
(El escritor prefiere el papel al e-book, pero promete entender a los lectores que, asustados por las dimensiones del volumen, opten por hacerse con el libro electrónico. «Lo importante no es cómo se lea, sino que se lea». Sea su libro o cualquier otro.)






