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El mundo en el que vivimos no está hecho para James Sveck –aunque quién sabe, quizá sea al revés–. Si todo sale según lo previsto, en otoño irá a la Universidad de Brown. Pero James cruza los dedos y espera que nada salga según lo previsto: pasar cuatro años en la universidad le parece una pérdida de tiempo. Ojalá pudiera abandonar Nueva York, comprar una casa en el campo –en Indiana, en Kansas, en Dakota del Sur o por ahí– y dedicarse a leer, leer y leer.
Él es el eje de Algún día este dolor te será útil, de Peter Cameron (Libros del Asteroide). Una pequeña gran novela, divertida, conmovedora, que –lo confieso desde ya– devoré en un solo día y cuyos ingredientes son una madre que acaba de dejar plantado a su tercer marido durante su luna de miel en Las Vegas; un padre que cree que comer pasta como plato principal no es propio de hombres –heterosexuales, se entiende–; una hermana liada con un profesor casado que responde al nombre de Rainer Maria (Schultz, no Rilke); una abuela que empieza a olvidarlo todo; un perro, Miró, al que solo le falta hablar; varias experiencias traumáticas –entre ellas, los atentados del 11-S– y las visitas semanales de James al consultorio de la psiquiatra Rowena Adler, donde se practica el tira y afloja y la esgrima verbal.
El protagonista de «Algún día este dolor te será útil» detesta relacionarse con gente de su edad, a la que evita y con la que piensa que no tiene nada en común. ¿Cómo definiría a James Sveck?
Pienso en James como en un solitario. Le gusta estar a solas y le basta con su propia compañía. La gente suele sospechar de quienes son socialmente autosuficientes, así que suelen ser considerados como perdedores o inadaptados, pero no creo que él sea ninguna de esas dos cosas.
Más que leer lo que James nos cuenta, parece que le estemos oyendo hablar.
«Sufrir nos puede hacer más tolerantes y sensibles, más sabios»
«Soy anarquista, detesto la política», dice James. ¿Cree que el desinterés de los jóvenes por la política es un signo de nuestro tiempo?
Odio la expresión «signo de nuestro tiempo». No me interesa lo que sea típico. Como novelista, me interesa lo que hace a las personas diferentes, lo que las hace únicas, no lo que tienen en común. Y no creo que haya nadie que pueda ser considerado un signo de nuestro tiempo. Eso sería negarles su individualidad. Me interesa lo que distingue a la gente, no lo que la hace similar.
Nueva York, donde vive James, ha pasado de ser «un fresco y verde pecho del nuevo mundo», como dijo Francis Scott Fitzgerald, a ser, según el narrador, «la sucia entrepierna marrón que es ahora». ¿Tanto ha cambiado la ciudad?
«El libro llegó a mí de una manera rara: el día que escribí la primera frase»
James estudiaba en el colegio Stuyvesant, muy cerca de las Torres Gemelas, cuando se produjeron los atentados del 11-S, pero prefiere no hablar de aquel día.
James no habla de muchas cosas. No le gusta averiguar qué piensa y siente a través del lenguaje, es una persona con mucha vida interior. Y como su reacción al 11-S es compleja y aterradora, no quiere ni tiene necesidad de mencionar aquello. Pero no es cierto que jamás hable de ello: le cuenta cosas importantes sobre ese día a Rowena Adler, su terapeuta.
¿Y Peter Cameron, dónde estaba el 11-S? ¿Cómo vivó aquellos momentos?
Escribo ficción porque no quiero escribir sobre mí o sobre mi vida. Lo que quiero revelar de mí mismo lo hago a través de los personajes que creo. Mis vivencias del 11-S son personales, no algo que revelaría en una entrevista.
A James no le gusta la expresión «Zona Cero». ¿Y a usted?
Lo único que importa es lo que piensa James.
El título de la novela es el lema de un campamento de verano: «Sé paciente y resiste: algún día este dolor te será útil».
La vida está formada por muchas cosas y el sufrimiento es una de ellas, una parte que creo que puede ser útil y valiosa. Sufrir nos puede hacer más tolerantes y sensibles, más sabios.
¿Cicatrizará algún día la herida del 11-S?
Espero que la Tierra continúe existiendo durante los próximos mil años y que las heridas se olviden, aunque no cicatricen.
A pesar de las referencias al 11-S, la de «Algún día este dolor te será útil» es una historia divertida, luminosa. ¿Cómo surgió la idea de escribirla?
«James, el protagonista, no es ni un perdedor ni un inadaptado: es un solitario»
Los miembros de la familia de James hablan más con el perro que entre ellos. Más que una familia disfuncional, parecen una familia normal, ¿no cree?
Por desgracia, opino lo mismo de lo normal que de lo típico. Cualquier manera de clasificar a las personas –o a las familias– de esa manera me parece que las reduce, que les niega su individualidad, que es lo que más me interesa como escritor de ficción. Si fuera sociólogo sería diferente, pero suspendí la única asignatura de sociología que estudié en la universidad.





