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De la melancolía al Prozac: historia de la depresión

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El 15% de las personas en los países desarrollados padece esta enfermedad; 120 millones en todo el mundo

Día 30/05/2012 - 05.22h

¿Pastillas -digamos Prozac o Xerosat- o psicoanálisis? ¿Son los antidepresivos algo más que placebos? ¿Hay métodos alternativos de cura para la depresión, como escribir, leer o pasear?

Alrededor de 1900, un joven médico vienés llamado Sigmund Freud (1856-1939) ya se había dado cuenta de que dedicándole tiempo a sus pacientes, conociéndoles a fondo, y llegando a las causas profundas de sus problemas, estaba en condiciones de curarlos. Surgió el psicoanálisis. No era más que una cierta humanización de la medicina: considerar al hombre formado por alma y cuerpo y no verlo como una simple máquina. Freud fue un gran valedor de lo psicosomático: lo que afecta al alma, al ánimo, termina condicionando en mayor o menor medida al cuerpo.

Con el paso del tiempo, Freud se ha ido quedando como un hito de la historia de la cultura, pero ineficaz para curar acedias. Desde que la dirección espiritual cayó en desuso y la confesión en una práctica minoritaria, ¿quién, sino gente rica como Woody Allen puede permitirse acudir semanal o quincenalmente al psiquiatra?

La depresión es un campo de trabajo apasionante. Clark Lawlor acaba de publicar un libro para ponernos al día. Lawlor, de la Universidad de Northumbria, da un repaso por la historia y la cultura de esta enfermedad, y muestra las actitudes y cambios hacia ella con el paso del tiempo. Incluye las diferentes escuelas de pensamiento y el debate sobre el papel de la industria farmacéutica.

Los griegos

Como casi siempre, todo empieza con los griegos. Creían que la depresión era la falta de equilibrio de los cuatro humores del cuerpo: la bilis negra, la bilis, la flema y la sangre. Cuando se tenía demasiado bilis negra, se caía en un estado melancólico.

En el primer cristianismo se asoció a la lucha contra las tentaciones. En el Renacimiento, era la enfermedad de los estudiosos, que se daban a lo abstracto y a la especulación profunda.

Antes hemos hablado de Freud. Su polo complementario fue otro psiquiatra alemán, Emil Kraepelin (1856-1926), un codescubridor del Alzheimer. A Kraepelin se le considera el fundador de la psiquiatría científica moderna, de la psicofarmacología y de la genética psiquiátrica. Sostuvo que la patología biológica sustenta los desórdenes psiquiátricos.

Las líneas de Kraepelin y Freud siguen en la base de los tratamientos de hoy día. La primera conduce al descubrimiento de que la deficiencia de serotonina en nuestro cerebro es la causa de la tristeza que nos ahoga. Tomemos pues, Prozac. La segunda, la de Freud, es que con Prozac solo vamos mal. Menos Prozac y más hablar, menos Prozac y más amigos. Menos Prozac y, si se prefiere, más dirección espiritual.

No estamos ante un problema menor. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que el 15% de la población de los países desarrollados padece depresión. Cifra en 120 millones a las personas deprimidas en todo el mundo. De ellas, lamentablemente, 850.000 se suicidan todos los años.

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