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Peso la experiencia más que unas piernas jóvenes. Boston ganó el séptimo y definitivo de la eliminatoria ante Filadelfia (85-75) y jugará la final de la Conferencia Este contra los Miami Heat. Un Garnett de otro tiempo y un Rajon Rondo muy puntual al rescate decantaron la balanza del lado de los Celtics.
Fue un partido áspero, como están llamados a serlo todos los choques decisivos en la costa del Atlántico. En unos, los años hacían que costara despegar los pies del suelo para lanzar a canasta (0 de 13 en triples llegaron a ir los de Doc Rivers). En otros, la escasa experiencia agarrotaba la muñeca. Nadie podía ganar.
Sólo Kevin Garnett (18 puntos y 13 rebotes), que a los 36 años se sigue revelando crucial para su equipo, respondía a las exigencias en las que ganar significaba alargar la vida. Infalible como siempre desde los 6 metros, aportó también ese plus de agresividad que exige la lucha por un título. Mientras tanto, Filadelfia naufragaba en un mar de malas decisiones.
Los de «La ciudad del amor fraternal» se mantuvieron a flote gracias a Andre Iguodala, a quien la madurez ha permitido añadir cerebro a un cuerpo superdotado. El tiempo será la misma medicina que necesite Jrue Holiday. Su desastrosa toma de decisiones cuando más apretaban los Celtics fue la condena que no necesitaba su equipo.
Allen, con molestias
Si Boston no sentenció antes fue porque Ray Allen sigue arrastrando molestias en el tobillo -no se explica de otra forma su falta de confianza en el tiro- y porque Paul Pierce se marchó eliminado (71-68 a cuatro minutos para el final) por un par de personas prescindibles. Fue ahí, en el momento de mayor alarma, cuando surgió Rajon Rondo.
El base, de carácter polémico y poco dado a mirar hacia el aro, tomó las riendas para anotar 11 de los 12 siguientes puntos de Boston. Cuando todas las miradas apuntaron hacia él, asumió el riesgo y firmó su enésimo triple-doble (18 puntos, 10 rebotes y 10 asistencias) para sellar el pase a las finales de Conferencia.
Allí esperan unos Miami Heat sedientos de gloria, la misma que ya han saboreado estos Celtics. Hasta ahora, siempre que el Big Four de Boston ha llegado hasta esta cota, ha terminado jugando las Finales de la NBA. Para conseguirlo, esta vez tendrán que deshacerse de sus verdugos del año pasado: los Miami Heat de Wade y LeBron.





