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«Todos los entendidos nos convencen a porfía de que la afición a la lectura se contrae en la infancia y adolescencia, pero la literatura infantil y juvenil sigue siendo desdeñada como ‘menor’». Esta afirmación es de Fernando Savater, y forma parte del prólogo de un ensayo de Philip Pullman, autor inglés de literatura fantástica para niños.
Los niños son los lectores del futuro, los que darán sentido a la industria editorial en unos años, pero la producción infantil tiende a ser infravalorada. «Ni J. K Rowling (creadora de Harry Potter) ni Philip Pullman van a ganar próximamente el premio Nobel», continúa Savater. «Lástima, porque probablemente han hecho más por avivar el entusiasmo por la lectura que muchos de los galardonados».
El 21% de los menores de 6 años no tienen a alguien que les lea en casa
El siguiente dato es menos alentador. El 21% de los niños menores de 6 años no tiene a alguien que le lea habitualmente en casa. Autores y libreros señalan que la lectura académica debe complementarse fuera del colegio con la atención de los padres y los hermanos mayores. También resaltan la importancia de convertir la lectura en una actividad cotidiana y prestar atención a las edades recomendadas. «El niño se frustra si no entiende lo que lee o si le resulta demasiado simplón», explica una madre y profesora de Educación Infantil, «y eso crea rechazo».
Jordi Sierra i Fabra: «Los escritores juveniles somos invisibles»
Minusvalorar el peso de las lecturas infantiles supone también pasar por alto que es uno de los primeros «focos culturales» con los que tienen contacto los menores. Un catálogo de representaciones sociales, roles de género, familia y patrones de comportamiento. Respecto a esto último, el catalán denuncia la «censura» nada sutil a la que están sometidos los escritores infantiles y juveniles respecto a ciertos temas (divorcio, homosexualidad).
Se podría hablar ahora sobre lo que el ya citado Philip Pullman llama «La responsabilidad del narrador». Pero eso es otra historia.






