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El (pequeño) futuro de la industria del libro

La Feria del Libro presta especial atención a los lectores del mañana, los niños, y programa actividades especiales para despertar su interés por la lectura a edades tempranas

Día 28/05/2012 - 14.22h
El (pequeño) futuro de la industria del libro
e.vasconcellos
Un padre observa un cuento con su hijo en las casetas de El Retiro

«Todos los entendidos nos convencen a porfía de que la afición a la lectura se contrae en la infancia y adolescencia, pero la literatura infantil y juvenil sigue siendo desdeñada como ‘menor’». Esta afirmación es de Fernando Savater, y forma parte del prólogo de un ensayo de Philip Pullman, autor inglés de literatura fantástica para niños.

Los niños son los lectores del futuro, los que darán sentido a la industria editorial en unos años, pero la producción infantil tiende a ser infravalorada. «Ni J. K Rowling (creadora de Harry Potter) ni Philip Pullman van a ganar próximamente el premio Nobel», continúa Savater. «Lástima, porque probablemente han hecho más por avivar el entusiasmo por la lectura que muchos de los galardonados».

Con poco margen de error, el lugar más concurrido de la Feria del Libro durante sus dos primeros días de actividad ha sido el pabellón infantil de la Fundación Mapfre. El espacio, que organiza varios cuentacuentos diarios, es un ejemplo del éxito de las actividades de acercamiento a la lectura entre los más pequeños. Pero, ¿qué ocurre cuando termina la Feria? Según el último informe de Hábitos de Lectura y Compra de Libros de la Federación de Gremios de Editores de España (2011), el 82,9% de los lectores menores de 14 años lee en su tiempo libre. Aunque pueda parecer un buen dato, es diez puntos inferior a la cifra de 2009 (91,2%). Además, la estadística tiene un gran pero: se les pregunta si leen «al menos una vez al trimestre».

El siguiente dato es menos alentador. El 21% de los niños menores de 6 años no tiene a alguien que le lea habitualmente en casa. Autores y libreros señalan que la lectura académica debe complementarse fuera del colegio con la atención de los padres y los hermanos mayores. También resaltan la importancia de convertir la lectura en una actividad cotidiana y prestar atención a las edades recomendadas. «El niño se frustra si no entiende lo que lee o si le resulta demasiado simplón», explica una madre y profesora de Educación Infantil, «y eso crea rechazo».

El escritor Jordi Sierra i Fabra defiende sin veleidades la labor de los maestros en este aspecto, por encima incluso de la influencia de los padres. También retoma el tema planteado por Savater: «Los escritores juveniles somos invisibles», señala. «Los autores de mi generación, los que empezamos a escribir hace 40 años, somos los que hemos hecho leer a este país», y reclama un mayor reconocimiento.

Minusvalorar el peso de las lecturas infantiles supone también pasar por alto que es uno de los primeros «focos culturales» con los que tienen contacto los menores. Un catálogo de representaciones sociales, roles de género, familia y patrones de comportamiento. Respecto a esto último, el catalán denuncia la «censura» nada sutil a la que están sometidos los escritores infantiles y juveniles respecto a ciertos temas (divorcio, homosexualidad).

Se podría hablar ahora sobre lo que el ya citado Philip Pullman llama «La responsabilidad del narrador». Pero eso es otra historia.

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