Al final aflora el Blanco Belmonte melancólico: «…han desaparecido las arropieras, que por un ochavo, daban un dulcecillo, trabajado con miel y una jarra de agua. Se eclipsaron el velonero ambulante —con el tintineo de sus planchuelas anunciadoras— y el vendedor de paja pá colchones, y solo perdura algún ejemplar que vocea ¡ajucema fresca!, o que ofrece, a domicilio los espárragos trigueros…¿los quiosté?
Córdoba que camina rapidísimamente a envidiable prosperidad, no puede decir con razón que “cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Puede sí lamentar que se esfumen y borren rasgos y perfiles, tipos y costumbres de su ayer, que no se oponen al progreso de hoy y que tienen gustoso encanto en su arcaísmo».
Sin duda muy sabio don Marcos Rafael Blanco Belmonte.



