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El pueblo solo necesita su transcurso para comprobar que el apoyo masivo que dio en las urnas no se está desperdiciando
El Presidente de la Xunta de Galicia no consultó el Estatuto de Autonomía para mirar si tenía o no competencias para actuar de empresario naval y buscar pedidos para los astilleros localizados en Galicia. Ni leyes ni reglamentos contemplan lo que ha de hacer un dirigente para afrontar las situaciones excepcionales, lo realmente importante es la visión, carácter y determinación de los líderes seleccionados por el pueblo. De ahí la importancia de las elecciones y del ojo clínico del elector que decidirá, más allá de publicidades y campañas, a quien encargar los asuntos cruciales.
El sector naval gallego arrastra grandes dificultades por el descuido gubernamental en la anterior etapa del ladrillo. Si había boom de empleo artificial por el inmobiliario a financiar por dinero externo, ¿para qué preocuparse de que Astano no tuviera nuevos contratos o que el naval vigués estuviera agotando los suyos?. Socialistas y nacionalistas de izquierda gobernaban para la galería, no para las gradas de acero y trabajo de nuestra clase obrera más cualificada. La burbuja pinchó, los buques volaron y hasta dispositivos financieros de apoyo como el tax lease y los medios de Pymar, entraron en barrena.
Después los que habían canalizado el desastre movilizaron a sus bases para salir a la calle y pedir al PP que, como en 1.996, arreglasen el entuerto, como si la movilización y las pancartas nublasen la razón del pueblo. Y lo que es peor, como si subsanasen a golpe de calle los problemas más complejos.
La cuestión central en el tema naval es que Astano es de competencia del Gobierno central, los instrumentos de legalidad y apoyo financiero también del Estado, y la Xunta no contó con eco real en Madrid por el boicot socialista a los temas gallegos. Todas las propuestas se rechazaban e incluso, en ejercicio de cinismo sistemático, se atribuían a la incapacidad de la gestión autonómica el atasco de las salidas.
Hasta que salió Zapatero y llegó Rajoy. El nuevo presidente del Gobierno de España dialogó con la Unión Europea, midió las resistencias de Almunia y el campo de posibilidad de una política naval española autónoma y viable. Propuso un nuevo tax lease que suprimía barreras a la contratación de buques en España; obviamente también en Galicia. Feijóo por su parte se movió en Hispanoamérica para buscar pedidos y alianzas económicas y así ha podido fructificar una de las operaciones más interesantes en esta situación tan compleja. La economía gallega avanza en internacionalización, como tantas veces insiste el conselleiro Guerra; se abre una vía de cooperación tecnológica y se innova en prácticas políticas, levantando la mirada para atender nuestros problemas y revalorizarnos a nosotros mismos, nuestra base productiva y nuestra competencia como actores humanos y productivos. Es la línea a seguir en el futuro.
Un estilo decidido que se está revelando en cómo se afrontan los problemas del sistema financiero, sin frenos ideológicos ni deferencias personalistas, saneándolo a fondo caiga quien caiga. Lo mismo en NGB que en Bankia. Con una determinación aplicable a la estabilización económica de las autonomías, tarea en la que Galicia está dando toda una lección al resto de España. A pesar de las envidiosas críticas del líder gallego de la oposición socialista; que ni en el caso del logro en materia naval ha tenido la elegancia ni la inteligencia de felicitar al adversario político que lo ha gestionado.
La oposición gallega está dividida, se fragmenta en el desconcierto y la impotencia, y desde un indisimulado malestar es capaz de intentar mancharlo todo y no reconocer ni lo evidente. Galicia queda a merced de la responsabilidad, acierto y energía de los dirigentes del PP. A ellos corresponderá enderezar este desesperanzado paisaje después de la pasada de la izquierda. La oposición solo espera las malas noticias para tirar de falacia y acusar a Feijóo y Rajoy de que como sus mandatos están llenos de problemas a ellos se los debemos. La pos hoc, propter hoc, como definieron los clásicos esta argucia de la demagogia.
El tiempo ira situando a cada cual en su sitio. El pueblo solo necesita su transcurso, el devenir de una nueva trayectoria para comprobar que al menos ahora, el apoyo masivo que dio en las urnas no se está desperdiciando. Ha sido generoso y no se le está defraudando.





