Cataluña

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Mitos y tópicos del nacionalismo catalán

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Análisis

Día 27/05/2012

MIQUEL

PORTA PERALES

EN un ejercicio de ingeniería social deliberado que mitifica y mistifica la historia y la realidad, el nacionalismo catalán inventa la nación catalana. Ficciones históricas y figuras literarias que construyen un relato nacional «prêt-à-porter». Poco es lo que parece. No puede hablarse de nación catalana —una comunidad de rasgos propios y diferenciados dotada de voluntad de ser— cuando en Cataluña nada es propio y todo— identidad, historia, lengua, cultura, voluntad mayoritaria de ser— es compartido en el seno de la nación española. ¿La Guerra de los Segadores de 1640? Una revuelta social —no «nacional»— que, con el grito de «Viva el Rey y mueran los traidores», protesta por los excesos del ejército y la corrupción de la oligarquía. Ni siquiera Rafael Casanova

—defensor de las libertades nacionales de Cataluña, reza el relato nacionalista— resiste la prueba de los hechos. El bando que publica el 11 de septiembre de 1714 llama a las milicias barcelonesas a «derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España». ¿La llegada de los borbones a España? Lo dice el publicista y austracista catalán Feliu de la Peña: «Consiguió la Provincia quanto avia pedido» y las constituciones de la época «fueron las más favorables que avia conseguido la Provincia». ¿El Real Decreto de Nueva Planta de 1716? Se limitó el poder de la oligarquía —un desescombro, según Vicens Vives— e impulsó un programa de reformas y modernización que propició el esplendor de Cataluña y los catalanes. En la actualidad, el mito —una excusa para la cultura de la queja que reivindica una edad dorada que no existió— se complementa con el tópico. La idea principal: Cataluña, al ser nación, tiene derecho a la autodeterminación.

¿El derecho a la autodeterminación de Cataluña? No existe, porque según la legislación internacional se reserva a los pueblos

colonizados. Más tópicos de

circulación corriente en

Cataluña. ¿El catalán, lengua

propia de Cataluña?

Los territorios no hablan y

en Cataluña existen dos lenguas comunes: castellano y catalán.

¿La normalización lingüística? Un proceso de sustitución lingüística que no respeta la libertad individual de elección de lengua y se ampara en la pluralidad lingüística para imponer el monolingüismo.

¿El «expolio» fiscal? Son los individuos, no los territorios, quienes pagan impuestos. Por lo demás, la adicional tercera del Estatuto,

que prevé la inversión de

infraestructuras del Estado en función del PIB catalán, queda desactivada por la sentencia del Tribunal Constitucional que afirma que «no puede admitirse que la disposición adicional tercera vincule a las Cortes Generales en el ejercicio de sus funciones de examen, enmienda y aprobación de los Presupuestos Generales del Estado». Añado: el pacto fiscal bilateral —como si Cataluña fuera Estado— es la expresión del mito que sostiene que los catalanes vivirían mejor con una

Hacienda propia.

¿La independencia? Pero ¿qué futuro tendría una Cataluña escindida y fuera de la Unión Europea? La Cataluña «rica y plena» de Els segadors puede convertirse en la Cataluña pobre y dividida del nacionalismo catalán.

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