Llevamos un par de semanas caóticas en los mercados financieros. La deuda pública española con precios insostenibles, los índices de volatilidad de la renta variable a corto plazo están tocando niveles máximos, se debate la salida de Grecia, la existencia ó no de mecanismos de salida así como la inexistencia de planes de contingencia para absorver el impacto, con un contagio hacía la percepeción del riesgo soberano español importante.
Seamos realistas, España es imposible que llegue a conseguir el ajuste necesario para conseguir cumplir los objetivos acordados con Bruselas. El círculo que se origina es muy difícil de gestionar ante unas exigencias tan importantes.
El riesgo soberano percibido por los mercados nos obliga a tomar medidas de ajuste fiscal que a su vez provocan una mayor contración de la economía, esta mayor contracción económica tiene un doble efecto, un incremento del déficit público que sigue incentivando el riesgo país que se percibe en los mercados y un aumento de los activos dudosos en los balances de los bancos, que a su vez incrementa las dudas de nuestro sistema financiero, trasladándose al mercado como un aumento de riesgo país por su hipotético rescate, soportándose en unas arcas muy vacías. Esto lo podríamos definir como un «agujero negro económico», yo no veo la salida.
¿Cómo somos capaces de cortar esta deriva? Lo primero es que nuestros socios comunitarios transmitan CONFIANZA sobre nuestra economía así como mostrar un máximo apoyo a nuestra gestión.
Lo segundo es continuar con las reformas de carácter estructural que nuestra economía necesita para conseguir su flexibilización. Y en tercer lugar, el ajuste de gasto tiene que venir de la mano, en mayor medida, en saber cómo gastar más que en cuánto gastar. El pacto de crecimiento debe facilitar en cierta medida esas inversiones que necesitamos en proyectos que generen valor y en el futuro tengan un carácter multiplicador.







