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Canarias / Arando en el mar

Las debilidades de nuestra primera industria

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Es un nuevo turista que sabe lo que quiere —sobre todo el nuevo turista ruso o asiático—, ya que lo que busca está más relacionado con la autenticidad y con la experiencia

Día 26/05/2012 - 11.30h

En el proceso evolutivo de nuestra industria turística se ha seguido un cierto progreso en lo concerniente a incrementar nuestra competitividad con medidas que han sabido adaptarse a la perfección a las nuevas exigencias del turista. Así, hemos pasado de un turismo masivo de sol y playa a otro menos generalizado, pero más riguroso con el tipo de oferta que se le proponía. De esta forma, nos hemos ido especializando en un determinado segmento del lujo que se acerca mucho más a nuestros intereses futuros, ya que se adapta mucho mejor a los parámetros estandarizados de la actual tendencia en temas turísticos, como es el cuidado y el respeto por el medioambiente, la cultura y las costumbres de los destinos que se ofertan.

No obstante, nuestras limitaciones, o si lo prefieren nuestras debilidades, siguen siendo la conectividad, que por desgracia es un tema aún no resulto; la inmediata subida del IGIC, que viene a poner trabas a un futuro que parecía, al menos para nuestro sector turístico, algo prometedor; así como la ausencia de una oferta seria y rigurosa en temas tan capitales como el deporte, el ocio y la cultura; aunque también se echan de menos determinados acontecimientos que otros destinos turísticos tienen y explotan a la perfección, tales como grandes eventos de calado internacional que pueden estar relacionados con el tenis, las carreras de motos o de formula uno, desfiles de moda, festivales de música y/o de cine, musicales, opera o incluso celebraciones de congresos que aglutinen y fomenten, no sólo la participación masiva de futuros turistas, sino que aire internacionalmente la imagen de nuestras islas.

Todo ello, o al menos parte de ello, lo que conseguiría es aumentar el valor de nuestra marca e imagen canalizando de la mejor manera posible el esfuerzo realizado en áreas muy concretas como pueda ser el turismo gastronómico, ecológico, enológico, sin olvidarnos el shopping de lujo, así como el turismo de negocios, de congresos y el de cruceros. Para ello debemos aportar imaginación, osadía y arriesgar algo más que las buenas intenciones; debemos apostar por el lujo, la exclusividad y la seguridad para atraernos a un determinado tipo de clientes que exigen un cambio en el modo de ofrecerles unos días de relax. No basta ya con ofertar una playa o una piscina y un trozo de sombra; el nuevo turismo de lujo está más relacionado con el espacio, pero sobre todo con la atención personalizada y con el deseo de sentir experiencias nuevas y diferentes.

Es un nuevo turista que sabe lo que quiere – sobre todo el nuevo turista ruso o asiático -, ya que lo que busca está más relacionado con la autenticidad y con la experiencia y con el respeto a la naturaleza. En definitiva, el lujo no tiene que ir acompañado de cosas materiales – mármoles y oropeles -, sino que se aproxima más al mundo de los sentidos y de las sensaciones; al disfrute de una música, un buen libro, un cuadro, una determinada comida, o la contemplación de una hermosa y exclusiva puesta de sol, todo ello arropado por un entorno cuidado y adecuado.

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