En Vídeo
En imágenes
El fútbol argentino, uno de los que más estrellas y jornaleros del balón exporta cada año, no consigue cerrar la herida por la que se desangra desde hace décadas. Los aficionados más violentos, los conocidos como «barras bravas», siguen campando a sus anchas por los estadios y han convertido su pasión por unos colores en un modo de subsistencia. Cada fin de semana, en los informativos deportivos se habla más de violencia que de goles y, a medida que se acerca el fin de la temporada, las amenazas a directivos, entrenadores y jugadores han disparado las alarmas.
«Si no ascienden, hay balas para todos». Así se las gastan los seguidores del Instituto de Córdoba, que hace unos días advirtieron a la plantilla de sus intenciones en el caso de que no consiga devolver al club a la élite del fútbol argentino. Su equipo, ahora en Segunda, había perdido un partido en Corrientes ante el Boca Unidos que le complicaba el objetivo del ascenso y no dudaron en amenazar a sus propios jugadores.
No hablaban en broma. Un autocar repleto de simpatizantes del Instituto fue interceptado de regreso a la ciudad de Córdoba y la policía se incautó en un registro de varias armas de fuego, cartuchos, explosivos y cocaína. Hubo 44 detenciones.
Es sólo uno más de los episodios violentos que han sacudido al fútbol argentino desde que hace un mes el presidente de Independiente, Javier Cantero, comenzará una cruzada para erradicar las «barras bravas». Una iniciativa que ha caído, por el momento, en saco rato. Su mano derecha en el club, el vicepresidente, Claudio Keblaitis, recibió como respuesta una amenaza de muerte que le ha hecho plantearse la posibilidad de abandonar la entidad.
«Amenazas a punta de pistola»
«Ascenso o muerte». Es el recado telefónico que los fanáticos del River, ahora en Segunda, habrían dado al dirigente «millonario» Daniel Mancussi. Según informó la prensa argentina, alguno de sus compañeros de directiva habría pasado peor rato al ser amenazado a punta de pistola para recibir el mismo mensaje.
Pero para susto, el que se llevó Giovanni Moreno, jugador de Racing Club y de la selección colombiana. A la salida de un entrenamiento, el automóvil que conducía fue interceptado por otro vehículo con varias personas a bordo, una de las cuales se identificó como el líder de los hinchas violentos de Racing. El paraguayo Federico Santander, que viajaba junto a Moreno, explicó que uno de aficionados apoyó un revólver en la rodilla de su compañero y le advirtió que si no dejaba la institución «le iban a pegar un tiro en la pata (pierna) y arruinarle la carrera».
Racing, que había perdido en su campo ante Boca Juniors, pelea por evitar el descenso. Un día después de aquel incidente y rodeado de fuertes medidas de seguridad, el jugador colombiano, hasta hace poco ídolo de los aficionados, se presentaba en el entrenamiento acompañado por el líder del sindicato de futbolistas, Sergio Marchi.
«Tenemos miedo»
Marchi se ha reunido con el Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Ricardo Casal, para buscar una solución a los episodios de violencia que se suceden en el fútbol argentino. «Tenemos miedo, y esta situación de miedo nos genera mucha impotencia», confesó Marchi.
Sin embargo, Marchi ha descartado la posibilidad de un paro para buscar soluciones definitivas: «No se gana nada y, de alguna forma, es darle mayor protagonismo a los violentos». Mientras tanto, el fútbol argentino cobra relevancia a nivel mundial por su escalada de violencia en los momentos decisivos de sus torneos.






