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El misterio de Santa Eulalia de Bóveda

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El templo, aunque desfigurado, nos habla y seduce con las bellas palabras, eco de un sublime discurso perdido junto a su vibratorio telúrico

Día 25/05/2012

En estos tiempos tumultuosos y de incierta desolación conviene buscar refugio, armonía e inspiración en lugares sagrados, donde las contingencias de la Actualidad no oscurecen la Realidad perenne. Una de las joyas más preciosas pero menos visitadas del magnífico patrimonio artístico de Galicia es el recinto llamado Sª Eulalia de Bóveda, cerca de Lugo. En cierto modo esta pequeña maravilla de la arquitectura sagrada implica un desafío a la hegemonía de las culturas oficialistas establecidas, el celtismo y el cristianismo, lo que acaso explicaría que una joya de tal categoría, que sería lugar de peregrinación obligada para cualquier persona culta, no sea demasiado conocida del gran público.

Habría que haber podido conocer la forma original de este singular recinto para determinar con exactitud a qué culto o actividad sagrada estaba dedicado: Templo pitagórico, centro iniciático mitraico, lugar de curación integral según el culto de Asclepios o acaso con alguna relación con el culto de ftálico de Dionisos como la figuras con guirnaldas parecen indicar. Desde luego se relacionaba con los Misterios del paganismo.

A las modificaciones y alteraciones sufridas a lo largo del tiempo hay que sumar los doce años en el que estuvo sin control oficial, a disposición del ordinario del lugar y de caciquillos locales ignorantes y desaprensivos que lo desfiguraron e incluso lo emplearon como aprisco. Solo cuando el nuevo obispo de Lugo se ocupó del caso ya en 1926, el singular monumento dispuso de una cierta protección oficial y se realizaron diversas intervenciones, pero algunas de dudosa oportunidad y conveniencia.

El templo, aunque desfigurado, nos habla y seduce con las bellas palabras eco de un sublime discurso perdido. Un proto-arco de herradura, sugerentes columnas, preciosas pinturas. Y aún conserva su potencial vibratorio telúrico en alguna de sus partes. Envueltos por el silencio y en una incierta penumbra que se va disolviendo a medida que nuestra retina se va acostumbrando a la tenue luz, podemos escuchar lo que nos dice a los hombres del siglo XXI, qué mensaje eterno relativo a la dignidad sagrada del hombre nos transmite.

Es una suerte poder conversar con Casimiro Montero, el competente guía cuidador que reúne dos cualidades ya no tan comunes: saber y querer. Especulamos acerca del origen y finalidad del templo y me enseña algunas figuras en bajorrelieve: dos tullidos ¿en busca de curación?, un ave que podría ser un pelícano o fénix de renovación como cabe hallar en Egipto. Símbolo recuperado luego por el cristianismo.

En 1917, tres años después que nuestro templo lucense, se descubrió enterrada una logia pitagórica en Roma que inspiró a doña María Zambrano en «El hombre y lo divino». Renan ya había rezado su plegaria a la Acrópolis de mora Atenea, la diosa de la sabiduría. Su búho espantadizo no sabe en qué otro hombro posarse. Ojalá el arte sagrado nos ayude a recuperar nuestro sentido de la Cultura, la Palabra perdida.

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