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Prevista para este sábado, la actuación de Pastora Soler en la final de Eurovisión parece inspirada en el montaje de «La vida», la función basurera que montan «Los huerfanitos» de la nueva novela Santiago Lorenzo. Reconoce la cantante que «cualquier efecto sobre el escenario tiene un coste muy elevado que no hemos podido afrontar», y se lamenta, la pobre, del vestuario que va a lucir en Azerbayán. No hay tela para más. Se han puesto las cosas de una manera que le han pedido los de RTVE que haga el favor de no ganar el concurso, que no hay dinero para organizar la edición del año que viene. Entre venenos y trampas, los huerfanitos de Santiago Lorenzo tienen bastante más margen de maniobra.
Sale más rentable televisar el festival de la UER que unos Juegos
No hay dinero para montar un concurso musical en semicondiciones, pero sí para traerse a Madrid unos Juegos Olímpicos, con lo que abultan y chupan. En ésas estamos. La excusa es la proyección internacional de Madrid, como si lo de Eurovisión no lo dieran por la tele y no lo viese nadie. Se ahorra en el vestido y el cuerpo de baile de Pastora Soler, pero no en unos Juegos cuya preparación representa un gastadero del tamaño del AVE a Valencia o Barcelona, ida y vuelta en mesa plegable y compartida.
Llegado el tiempo de ahorrar incluso en campañas publicitarias, hay ministerios que, para decir lo mismo de siempre, han decidido recuperar campañas de hace años. Todo vale, menos para poner a Madrid en el mapa de la promoción internacional. Unos Juegos Olímpicos, austeros y todo lo que Ana Botella quiera, salen bastante más caros, teniendo en cuenta el precio por impacto, que es como se miden estas campañas, que una final de Eurovisión, pero la falta de organización y planificación entre las distintas administraciones -falta logística y sobran millones, todavía- genera este tipo de aberraciones folclóricas.
En España todavía queda talento para lanzar y distribuir estampas y postales nacionales sin recurrir al canal del correo ordinario, que para la gente con obsesiones y complejos son los Juegos Olímpicos, una cosa muy antigua en términos promocionales y muy cateta en las formas. Eurovisión, además de salir más barato, es más moderno. Sólo hay que ganar en Azerbayán para montarlo y montarla. El cancaneo que acompaña al festival es cosa de la gente, que se vuelve loca, qué le vamos hacer, pero el ahorro público y la proyección de España deberían ser cuestión de Estado. Dale, Pastora, por España.





