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Madrid / SUCESOS

Cae una red de estafadores electrónicos que logró un botín de 300.000 euros

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Operaban en todo el mundo clonando páginas de entidades bancarias y realizaban compras. Hay siete detenidos a quienes se les imputan más de 270 delitos

Día 24/05/2012 - 16.50h

La Guardia Civil ha acabado en Madrid con una organización dedicaba a la estafa mediante suplantación electrónica o «pishing» a escala internacional, según informaron fuentes del Instituto Armado.

La operación, bautizada como «Mon Craciun», realizada por agentes de la Guardia Civil de Majadahonda, ha permitido detener a siete personas, todas ellas de nacionalidad rumana, acusadas de más de 270 hechos delictivos de falsificación, revelación de secretos y estafa.

El valor de lo estafado en los últimos meses asciende a 50.000 euros, si bien la Guardia Civil piensa que el beneficio total alcanzado pudiera ascender a los 300.000 euros. La operación sigue abierta, pues los agentes siguen recibiendo más denuncias de afectados por estas estafas.

Las investigaciones comenzaron en octubre pasado, tras la denuncia de una víctima que explicaba a los agentes los cargos de una compra de productos informáticos a su nombre que no había realizado. Por el momento, se han realizado tres registros en Madrid y Toledo, donde se intervino material electrónico e informático de alta tecnología, entre otros objetos.

Los arrestados «habían tejido un entramado a lo largo y ancho de todo el territorio nacional, además de otras partes del mundo, como Rusia o América Latina, tal y como han constatado los funcionarios.

Supuestos fallos informáticos bancarios

El «modus operandi» empleado por los presuntos delicuentes consistía en enviar correos masivos suplantando la identidad de entidades financieras, donde comunicaban que su web bancaria tenía un fallo informático, remitiendo a los usuarios mediante enlace a una página web falseada, con la misma apariencia que la oficial de la entidad.

Cuando entraban, debían introducir todos los datos de su tarjeta bancaria, incluido el número físico de seguridad de las tarjetas (CVV). A partir de ahí, tenían vía libre para actuar de forma ilícita. Como medida de seguridad, pirateaban las conexiones wifi de los vecinos para ocultar sus operaciones.

Algo elemental para el grupo era que las tiendas «on line» donde realizaban las compras, contaran con una tienda física, al menos, en Madrid, donde tras realizar los encargos iban a recoger la mercancía.

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