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Codo a codo con la muerte

«Sin una atención psicológica y social no se puede controlar los síntomas del paciente terminal», dice el doctor Vara

Día 25/05/2012 - 09.26h

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Tú crees que mi papá llegará a estar en mi Comunión que es el 21 de mayo?, preguntó una niña a una enfermera de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital de Los Montalvos de Salamanca. Su padre, joven aún, estaba a punto de morir. Pues, dicho y hecho. Todo el equipo del Programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas se puso manos a la obra e hizo posible que, con el consentimiento de los agentes pastorales y del capellán, la pequeña tomara su Primera Comunión en la capilla del centro hospitalario.

«Ese día estuvo la familia, el enfermo abandonó provisionalmente su habitación, que, previamente, habían llenado de globos la psicóloga y los trabajadores sociales y la pequeña hizo realidad su sueño: que su papá estuviera con ella. Unas fechas después murió, pero desde que el paciente se enteró de que podía compartir con su hija un día tan especial tenía menos dolor, estaba más contento, dormía mejor y los días que le quedaron de vida fueron mucho más felices». Éste es sólo un ejemplo de las múltiples situaciones que a diario se suceden en la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital de Los Montalvos, según relató el responsable de este servicio, el doctor Francisco Vara.

Atención integral

Él, junto a un equipo de expertos y voluntarios, participan en un programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas, puesto en marcha por la Obra Social «La Caixa» con el objetivo de prestar tanto apoyo emocional, social y espiritual al paciente, como la atención al duelo, el soporte a las familias y a los profesionales de los cuidados paliativos. En España existe una treintena de equipos de Atención Psicosocial, pero en el caso de Salamanca «lo tenemos muy fácil», aseguró Vara, porque está integrado en el Área de Cuidados Paliativos de la Zona de Salud y sus miembros —psicólogos, trabajadores sociales y voluntarios— no sólo prestan sus servicios en el hospital, sino que también se desplazan al domicilio del paciente, sea en la ciudad o en la provincia, para seguir prestado su ayuda.

Ellos, aseveró el doctor, son «un apoyo a las unidades de Cuidados Paliativos que existen en Salamanca y el funcionamiento del programa como tal es único en Castilla y León».

Lo «importante» es lo que está haciendo la Obra Social La Caixa porque «invierte su dinero en un programa muy inteligente. Son treinta equipos repartidos por toda la geografía nacional los que están trabajando a la vez con los mismos protocolos. Sus integrantes se reúnen tres veces al año para unificar criterios y, además, la entidad financiera les proporciona una formación universitaria de alto nivel en ciudadanos paliativos».

Calidad de vida

Con este sistema de trabajo, apostilló Vara, se están obteniendo «una cantidad de datos impresionantes para generar evidencia de que sin solucionar los problemas sociales, espirituales y emocionales de los pacientes y de sus familiares no obtenemos los mejores resultados en cuanto a la calidad de vida de los pacientes». El equipo, que lleva a cabo el Programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas desde hace tres años, se dio cuenta de que para atender a los pacientes terminales necesitaba «un grupo de gente que pudiera venir al hospital para desarrollar labores de distracción, de acompañamiento, de apoyo a los enfermos cuando tenían que ir a hacer una consulta a otro centro hospitalario o de ayudar a los familiares para que descansen», añadió el doctor.

Aquí es donde entran los voluntarios, los «Compañeros del Alma», personas que están asignadas a la Unidad de Cuidados Paliativos, y formadas en este tipo de asistencia. «Necesitamos gente que pueda asumir que está trabajando con personas que se van a morir y que tiene mucha sobrecarga emocional», lo cual hace que la selección «sea muy dura y no todo el mundo pasa», como lo prueba el hecho que más del 40 por ciento de los aspirantes no supera las pruebas.

Buscamos «compañeros»

Desde la puesta en marcha de la iniciativa en enero de 2009 se han atendido en Salamanca a cerca de 1.400 pacientes y más de 3.700 familiares, y en 2012 se prevé dar apoyo a unas 1.030 personas y de ahí que la Obra Social La Caixa haya puesto en marcha la campaña «Buscamos Compañeros del Alma».

En España, a través de los equipos de apoyo psicosocial (EAPS), que trabajan en hospitales de referencia, centros de atención sanitaria y a domicilio, se ha prestado atención a 27.710 enfermos avanzados y a 43.824 familias.

El EAPS de Salamanca está formado por psicólogos, enfermeras, trabajadores sociales y un coordinador —en este caso el doctor Vara— a los que se une la colaboración de las autoridades sanitarias. «En otros lugares, subrayó, son unidades de apoyo, que son como personas extrañas que van a facilitar un servicio a una Unidad de Cuidados Paliativos, pero aquí se han integrado. Por eso, la nuestra es tan potente porque es un equipo multidisciplinar donde trabajamos médicos, enfermeras, EAPS y equipos de atención domiciliaria integrados por el bien del paciente».

De ahí que, en su opinión, el grupo de Salamanca es «el único que se puede considerar un equipo completo de cuidados paliativos y eso es gracias a la aceptación que hemos tenido por parte de la gente del equipo, los voluntarios y el apoyo de las autoridades sanitarias».

Creer en Dios

Francisco Vara no dudó en afirmar que para los profesionales es «mucho más fácil» si el paciente cree en Dios, pero que, en todo caso, de lo que se trata es de que la asistencia espiritual que se le brinda «se adapte a sus creencias con el objetivo de que el enfermo tenga siempre una esperanza en algo que les ayude a sobrellevar los últimos días de su vida».

Sobre si los enfermos son conscientes de la gravedad que padecen, Vera explicó que el trabajo de los profesionales consiste en que el paciente «sea lo consciente de su enfermedad que él quiera».

No informamos si no lo quiere saber. Algunos son conscientes de que se van a morir, otros no, aunque cuando la muerte está muy próxima, todos intuyen el desenlace. En todo caso, si no quieren darse cuenta de que se están muriendo, los dormimos cuando tienen un gran sufrimiento emocional».

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