Gane quien gane la final de la Copa del Rey, lo hará invicto. Tanto el Barcelona como el Athletic de Bilbao llegan al encuentro definitivo pudiendo presumir de esta condición. El club catalán aterriza en Madrid con seis victorias y dos empates, el vasco lo hace con siete victorias y un único empate ante el Albacete.
A favor del Barça se puede decir que le cayó en gracia el "lado fuerte" del cuadro. El sorteo de octavos dejó en un mismo par a los cuatro primeros clasificados de Liga: los azulgrana, el Real Madrid, el Valencia y el Málaga. Los dos primeros se terminaron cruzando en el camino de los de Guardiola.
Ahí cosecharon los dos empates: el agónico 2-2 de la vuelta de cuartos ante el Real Madrid, quizá uno de los mejores partidos de la temporada y sin duda el mejor clásico (algo inesperado tras el rácano planteamiento de Mourinho en la ida en el Bernabéu, que le condenó a un 1-2 en contra). El Barça nunca vio el abismo copero tan cerca en toda la temporada.
Y el 1-1 de la ida de semifinales en Mestalla ante el Valencia, marcado por la alta intensidad y una polémica mano de Pinto que el árbitro no señaló. En este caso, el Barça hizo los deberes en la vuelta, con un 2-0 en un partido que, hasta el segundo tanto de Xavi en el 81, estaba abierto.
Dato revelador para el Athletic: en estas dos eliminatorias ante el Madrid y el Valencia, Messi no marcó. En consecuencia, los de Guardiola sufrieron. El argentino solo ha hecho dos dianas en Copa: es la única competición en la que ha participado donde no ha sido máximo goleador, honor que ostenta el jugador del Mirandés Pablo Infante. Necesitaría anotar cinco goles en la final para igualarle.
Antes de los cruces con Madrid y Valencia, el club azulgrana tuvo un paso plácido por la Copa. En dieciseisavos destrozó al Hospitalet con un montante de 10-0 (9-0 en el Camp Nou), y en octavos superó a Osasuna por 4-0 y 2-1.
El Athletic, «vengagigantes»
El Athletic ha sido el "vengagigantes". Caído en el lado "débil" del cuadro, ha sido el encargado de tumbar a los equipos pequeños que dejaron fuera a los grandes. Lo hizo en octavos contra el Albacete, que venía de imponerse en la ronda anterior a aquel Atlético de Gregorio Manzano que tan lejos parece quedar. El conjunto manchego le arañó al Athletic su único empate copero (0-0) en la ida. Pero los de Marcelo Bielsa se tomaron el desquite en San Mamés con un 4-0 y tres tantos de pura exquisitez: una vaselina de Susaeta, un misil de Ander Herrera, y un taconazo de Toquero que hizo las delicias del público bilbaíno.
Contra el Mirandés en semifinales, no vengó a uno sino a tres "gigantes": al Villarreal, el Racing y el Español, sucesivas víctimas del equipo burgalés. Los "leones" bajaron a la tierra a los hombres de Pablo Infante y compañía endosándoles un total de ocho goles (2-1 y 6-2).
En realidad, el Athletic llega a la final habiendo jugado solo contra un equipo de primera. Porque, además del Mirandés y el Albacete, jugaron los dieciseisavos contra el Real Oviedo (1-0 a su favor tanto en la ida como la vuelta). Solo el Mallorca, su rival de cuartos, era de la máxima categoría.
Este cruce dio para un interesante reencuentro del Athletic con el primer artífice de su actual equipo, el ahora técnico del Mallorca Joaquín Caparrós. El estilo Bielsa ya cuajaba y los "leones" desplegaron ante el sevillano la versión mejorada de lo que él dejó. 2-0 en San Mamés y 0-1 en Son Moix.
Así llegan los dos a la final. El Barça, sufridor sin Messi aunque triufante en duelos contra los favoritos. El Athletic, con una trayectoria en apariencia fácil. No ha tenido que vencer a ningún grande para llegar hasta el Calderón... pero en la Europa League ha demostrado de sobra que sabe hacerlo.





