En Vídeo
En imágenes
Lo más importante para una persona que quiere dedicarse a la música es su voz. Todo lo que la envuelve, el aspecto físico, las expresiones o el vestuario conforman lo que el polémico Risto Mejide definió a su paso por «Operación Triunfo» como «un producto». Lady Gaga es, quizá, el último y mejor ejemplo. Nunca sabremos si habría alcanzado la fama si no llevara vestidos de carne fresca o plataformas de 20 centímetros. Por eso, al imaginar un concurso musical en el que los participantess son recibidos por el jurado de espaldas, uno entiende que ahí, lo que menos importa, es lo guapos o graciosos que resulten.
Bajo este concepto nace «La Voz», un talent show de éxito internacional (el formato ha sido comprado por más de 40 países) que Telecinco adaptará próximamente —en agosto empieza a grabarse— y que conducirá el polifacético Jesús Vázquez, acompañado por David Bisbal, Malú, Rosario Flores y Melendi, cuatro entrenadores o coaches (que no jueces), cuya función «no será juzgar, sino aconsejar, entrenar y valorar», como explica Encarna Pardo, directora ejecutiva de Boomerang TV.
Tom Jones, «coach» de la edición inglesa, asegura que el programa le sorprende cada día
Otra peculiaridad del concurso es que cambia y evoluciona al tiempo que los concursantes. «Crece en todos y cada uno de los departamentos: el escenario, la banda de música, el estilismo, la puesta en escena…», dice Richard Rietveld, directivo de Talpa, empresa creadora del formato. La final holandesa acogió a más de dos mil espectadores. «Primero creamos un gran evento, con la mejor calidad, y después ponemos las cámaras para compartirlo, no al revés. Por eso “The Voice” empieza donde terminan otros».









