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Un gurú de la felicidad ayudó a un depresivo a suicidarse

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Condenado a tres años por facilitar la heroína a un paciente que se mató de sobredosis

Día 22/05/2012

Se presenta en su «blog»: «Hola. Me llamo Raimon Solá y me dedico a ayudar y servir a las personas». Y en otro pasaje: «Me considero un estudioso de la felicidad». Este asesor psicológico catalán, motivador personal, una suerte de gurú que imparte conferencias y escribe libros sobre la felicidad —«Como ser feliz cada día», de Plataforma Editorial—, fue condenado ayer a tres años de cárcel por ayudar a suicidarse a un enfermo con depresión al que trató.

La víctima, Xavier Ramon R. J., que había intentado quitarse la vida en varias ocasiones, acudió a Solá —que no tiene titulación oficial de médico, psicólogo o psiquiatra— y éste, lejos de disuadirle de intentarlo una vez más, le sugirió el mejor método: una sobredosis de droga. Hasta le proporcionó la heroína con la que el paciente se pinchó una dosis mortal. Murió en febrero de 2010.

En la sección quinta de la Audiencia de Barcelona se iba a celebrar el juicio contra Raimon Solá, que afrontaba una condena de diez años de prisión por delitos de cooperación al suicidio y contra la salud pública (por la compra de la heroína). Pero la vista no tuvo lugar porque ha habido una sentencia de conformidad. El procesado aceptó la rebaja de condena propuesta por la Fiscalía, que le dejó la pena en tres años de prisión al retirrar los cargos por tráfico de drogas y aplicar la atenuante de reparación del daño. Por los 20.000 euros que Solá ha pagado de indemnización a la familia de la víctima. Por este caso llegó a estar imputada inicialmente una monja por también haber colaborado de alguna manera al suicidio, pero finalmente está acusación quedó archivada.

El procesado, que ante el tribunal aceptó los hechos de los que le acusa la Fiscalía, conoció al fallecido en verano de 2009, en una casa de acogida de Granollers (Barcelona) para personas con problemas sociales o psicológicos llamada «El xiprer». Solá acordó con la víctima que a cambio de un precio, le prestaría «servicios de acompañamiento», lo que se concretaba en escuchar sus problemas y asesorarle —incluso en nociones de medicación—, «con el fin de ordenar la realidad con los propios sentimientos y emociones», según recoge el fiscal en su escrito de acusación.

La víctima informó al procesado de que padecía depresión mayor crónica con distimia, ansiedad con agorafobia y un trastorno de personalidad no especificado. A través de sus sesiones de acompañamiento, Solá supo que la víctima había intentado suicidarse algunas veces. Tenía un manual sobre métodos de suicidio e incluso había ido a una asociación pro eutanasia para que le asesoraran, aunque no lo hicieron y hasta probaron de disuadirle.

Decantó las dudas

Por contra, según el fiscal, Solá no sólo no intentó disuadir a la víctima de sus ideas —a través de charlas, correos electrónicos y conversaciones por teléfono—, sino que «trató de decantar las dudas» que ésta tenía «hacia la decisión suicidarse, a asbiednas de la decisiva influencia que tenía sobre su voluntad», debido a su personalidad frágil e influenciable.

«Y nunca trató de ponerle en contacto con un médico especialista para tratar las enfermedades mentales que padecía». «Si un día estás cansado de todo y quieres irte al otro barrio, pues también te ayudaré», rezaba un e-mail que Solá envió al finado. Y dicho y hecho. Finalmente, Solá le propuso a Xavier Ramon el mejor método para morir sin sufrimiento, una sobredosis de heroína. Le enseñó como pinchársela él mismo y se encargó de comprarle la mercancía: un gramo de máxima pureza para el que la víctima pagó 60 euros. Entre el 29 de enero y el 4 de febrero de 2010, Xavier Ramon acabó con su vida tras inyectarse la dosis fatal.

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