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Austeridad para el crecimiento

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La actual oposición gallega, que como Bipartito siguió la política del barra libre para todo, sigue instalada en la pancarta y en el recitativo de eslóganes

Día 20/05/2012

Es de sentido común que el reparar los excesos requiere un tiempo e intensidad de tratamiento proporcional al volumen de las desmesuras cometidas. Pero es más fácil decirlo que mentalizarse para hacerlo. La actual oposición gallega, que como Bipartito siguió la política del barra libre para todo, sigue instalada en la pancarta y en el recitativo de eslóganes. Ahora toca defender el crecimiento frente a la política de la Xunta de cumplir las obligaciones heredadas a la vez que afronta la austeridad como saneamiento y estabilización, precondiciones para el crecimiento en el futuro. Los que nos endeudaron hasta las cejas recomiendan ahora seguir la mítica receta del socialismo francés triunfante en sus presidenciales. Como si fuera lo mismo fijar objetivos teóricos y alinearse con recetas sin concretar, que poner los medios y reunir las condiciones para alcanzarlos en la práctica.

Los adalides de la memoria histórica adolecen de amnesia económica. No reconocen las consecuencias insoslayables del gigantesco endeudamiento que propiciaron, una economía descompensada, el sector público sobredimensionado y unos activos inmobiliarios masivamente devaluados. Pero nada les inhibe de convertirse abanderados de la educación, la sanidad, el empleo y todo lo deseable. Como si fueran gratis y no se tuvieran que pagar con impuestos internos y sin los recursos a nuevos endeudamientos masivos como en la etapa de los anteriores gobiernos. Hay que volver a lo básico, al reconocer la economía como generación de recursos que salen del trabajo individual y agregado del pueblo.

Lo que se puede gastar es en definitiva nuestra producción colectiva; quedando la deuda para situaciones excepcionales, cuyo nivel debe controlarse porque hay que devolverla o, antes o después, quebrar. Ninguna escuela de pensamiento económico serio es un nirvana que defienda déficits permanentes de la balanza nacional de pagos y desequilibrios en los flujos financieros. Lo sabía el Gobierno anterior y lo registraba el Banco de España. Pero dejaron hacer y que corriera la fiesta. Carpe Diem, que las oportunidades son breves y únicas. Y para mayor descrédito del país, el Economista en Jefe que gobernó dos legislaturas, afirmó que nuestro sistema financiero era el más sólido del mundo.

La austeridad es simplemente gastar menos para devolver más, presentar garantía de pago para futuros reciclajes y amortizaciones de los préstamos. Mostrar solvencia para demostrar que no se volverán a despilfarrar las refinanciaciones. Sentido común macroeconómico. Porque no solo es imposible gastar más o lo mismo que antes cuando se ha seguido un modelo económico pivotado en el endeudamiento exterior, sino que se agrandarían los desajustes y se empeoraría la posibilidad de salir de este profundo túnel. No será condición suficiente para el crecimiento, pero es requisito necesario. Porque el crecimiento requiere inversión, y ésta expectativas de futuro estable al tiempo que fondos ahorrados o prestados para financiarlo. A la vez que una distribución de los ingresos salida del mérito real, el trabajo, mercados competitivos y justicia pública.

Galicia ha demostrado una especial ejemplaridad y claridad gestora en estos tiempos de crisis. Algo insólito en el panorama estatal; pese a ser una economía con históricas desventajas, el sector público autonómico ha demostrado una seriedad en política económica superior a cualquiera de las demás comunidades autónomas españolas.

Hoy son tiempos para el cumplimiento de las obligaciones; en medio del caos aparente, del juego de las inevitables vanidades humanas, logreros habituales, notables que deshonran sus cargos y cazadores de oportunidades. Pero la mayoría no ha perdido la cabeza. Casi todos estamos pagando la crisis, hasta los accionistas y los empresarios, que han perdido casi la mitad del valor de sus patrimonios por la depreciación bursátil y la contracción de la actividad. No solo penan trabajadores y parados; si bien, para ellos, la crisis es particularmente angustiosa. Podemos recuperarnos porque hay mucha gente seria y capaz entre nosotros. Aunque lo más necesario es que todos los esfuerzos se envuelvan en un nuevo sentido de regeneración cívica, de asunción reflexiva y solidaria de que ya no nos queda otra opción que la valentía moral para afrontar los errores del pasado tal como fueron. Y las obligaciones del presente tal como nos son exigidas.

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