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Hace tiempo que un Gobierno del Partido Popular se desprendió de las principales joyas de la corona que albergaba el sector público empresarial. Entonces fue José María Aznar con objeto de financiar la cuota de entrada en la Unión Económica y Monetaria. Ahora es Mariano Rajoy quien trata de evitar que nos echen del euro rebañando las migajas debajo de las últimas piedras preciosas que todavía le quedan al Estado. En menos de quince años el cuento ha cambiado sustancialmente, pero España ha vuelto a situarse en almoneda con un programa de desamortización acelerada en el que realmente hay poco que vender, no mucho que ganar y casi todo por perder.
La segunda oleada de privatizaciones devuelve el protagonismo al legendario INI reconvertido en la cascarilla de la Sepi como paradigma de una metamorfosis que transformó la política industrial en un ejercicio forzoso de especulación financiera. El resultado se traduce en una sociedad de servicios incapaz de encontrar un nuevo modelo productivo más allá del deteriorado mercado turístico y el demolido negocio de la construcción. Pero a Ramón Aguirre, presidente del holding público por la gracia de María Dolores de Cospedal, no le sirve de nada llorar sobre la leche derramada y lo primero que ha hecho es reclamar para su causa el control efectivo de todas las participaciones y entidades afines que se mueven por los sinuosos vericuetos ministeriales con la cruz, y a veces la cara, de una cuenta de resultados que ahora toca de nuevo poner en valor.
Rajoy está harto del descontrol financiero de la televisión pública
El jefe del Ejecutivo no quiere que las batallas intestinas de poder distraigan la estrategia de conjunto contra los innumerables frentes abiertos por la crisis económica. El presidente no es partidario de quitarse los zapatos hasta llegar a la orilla del río porque no quiere que las piedras del camino terminen destrozándole la planta de los pies. Por eso con Rajoy nadie es dichoso hasta el final y con esa esperanza trabajan los altos directivos de la Sepi, confiados en su acrisolada capacidad de gestión para repetir la hazaña de lo que Josep Piqué bautizó con el solemne eufemismo del capitalismo popular.
Quizá en este momento las pretensiones sean mucho más prosaicas pero el cinturón aprieta con mayor necesidad y eso ya es suficiente para pasar la pelota al que verdaderamente ha dado muestras de saber jugarla cuando había que ganar el partido. La hoja de ruta ha quedado trazada con el traspaso de la Sociedad de Correos a la Sepi y ese es el camino que pueden tomar en adelante otras entidades en expectativa de destino como son Aena, Renfe, Feve e incluso Adif.
La vinculación tradicional de todas estas marcas al Ministerio de Fomento solo tiene razón de ser como garantía de un servicio público que el Gobierno quiere transferir al ahorro privado. Para dar el pasaporte no hace falta ninguna otra estructura más allá de la que proporciona una entidad experta en la supervisión financiera centralizada y con medios de sobra para maximizar los beneficios de una venta al mejor postor. No se olvide que antes de cocineros al servicio de la Hacienda Pública lo que se ordenaba en el antiguo edificio de la Plaza del Marqués de Salamanca eran frailes devotos de un sector industrial al que es preciso recurrir ahora en busca de potenciales compradores.
Rajoy está pensando muy seriamente la conveniencia de ampliar el perímetro de actuación del más genuino holding estatal y para que sirva de precedente la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría ha dado instrucciones de atar en corto a la Corporación de Radio y Televisión Española. Toda una prueba de fuego para el grupo presidido por Ramón Aguirre dadas las singulares vinculaciones políticas que se mueven en torno a la caja tonta y su complicada carta de ajuste empresarial.
La dimisión forzada de Jaime Gaiteiro como responsable de control financiero de RTVE después de que el consejo de administración se negase a aprobar un presupuesto para este ejercicio 2012 ha colmado la paciencia del Gobierno. La televisión pública es realmente una cuestión de armas tomar pero para eso están las tropas de intervención de la Sepi, entrenadas desde hace años en misiones especiales como las que ahora requiere la economía española.







