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Cuando Roman Abramovich se hizo con las acciones del Chelsea en junio de 2003, no pensaba que iba a ser tan complicado cumplir su sueño. Acostumbrado a conseguir todo lo que se propone, este magnate ruso -una de las fortunas más importantes del continente europeo- ha sentido la frustración en sus carnes en más de una ocasión desde que es el mandamás del conjunto inglés.
Nueve años y 900 millones de euros después, el Chelsea se encuentra de nuevo ante su oportunidad. Llegar a la cima europea y culminar el sueño de Abramovich. Pudo hacerlo nada más aterrizar en Londres, pero el Mónaco de Morientes, ese que dejó en la cuneta al Real Madrid con un estratosférico partido en el Principado, se encargó de aplazar la alegría del Chelsea.
Un año más tarde, fue el “Spanish” Liverpool de Benítez el que rompió las ilusiones azules. Un derbi inglés con un solo gol que fue la antesala de aquella final mágica entre el Milan y el Liverpool que terminó con remontada de los Reds tras ir perdiendo al descanso por 3-0.
Tras dos títulos ligueros consecutivos, volvía a hacer falta lucir en la Liga de Campeones, pero otra vez fue el Liverpool el que le dejó sin final. Un mazazo al proyecto de Abramovich, que se pensó lo de seguir inyectando dinero y dinero en pos de un sueño que parecía imposible.
Fue a la temporada siguiente, una de las que menos gasto supuso para el dueño del club con apenas 60 millones invertidos, cuando más cerca estuvo del título. Su primera final de la Liga de Campeones la disputó ante el Manchester United de Cristiano Ronaldo, que adelantó a su equipo. Lampard, uno de los pocos que aguanta desde los inicios, puso el empate y llevó el partido a la prórroga, donde Terry, el sempiterno capitán y representante de la cantera, falló el lanzamiento definitivo.
El mazazo no afectó tanto en esta ocasión. Al contrario. Con Mourinho aún en el banquillo, la siguiente temporada se encaró con el único objetivo de la Champions. En el camino, esta vez, apareció el Barça. Iniesta para ser exactos. Ese gol que enmudeció Stamford Brigde y que parecía sepultar para siempre el sueño de Abramovic.
Un sueño que ha vuelto a salir a flote el año que menos posible parecía. Tras la destitución de Vilas Boas y el horrible año de Torres. Con una Premier League nefasta. Una temporada para olvidar… si no se gana el título esta noche. La Copa de Europa. El sueño imposible de Abramovich.





