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El dilema es claro. España es una potencia cultural que solo podrá mantener su influencia internacional si participa en el crecimiento de la cultura en español que acontece hoy en el mundo junto a países como EE.UU., México, Brasil o Colombia. La alternativa resulta dolorosa de imaginar. Pero lo cierto es que en España la cultura ha vivido del erario público y eso se ha acabado con la crisis. La triste realidad añadida es que no hemos creado una cultura de mecenazgo.
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¿Cuánto dinero puede suponer? Lo cierto es que, con un porcentaje u otro, la posibilidad de financiar la cultura en España existe. Pero cuantitativamente hablando la incidencia es muy pobre. Lo mismo que el prestigio social. Una reflexión debe imponerse a algunas otras: ¿Queremos ciudadanos participando en el tejido de la industria cultural? Entonces habrá que incentivarlos. De ello depende todo, puesto que los valores intangibles y la riqueza que pueden generar las industrias culturales superarán seguramente con creces el lucro cesante de la caja de impuestos.
La industria cultural española entrará en grave declive frente a la competencia mexicana o colombiana (o estadounidense) sin el instrumento del mecenazgo y la falta de costumbre en este sentido juega intensamente en contra. ¿Por qué en España no se ha alentado antes el mecenazgo?
Razón histórica
Cuando llegó la Transición, la cultura se convirtió, acertadamente, en un asunto de Estado. Había que recuperar la parte amputada por la guerra, el exilio español en América y los sutiles exilios interiores hasta generar una conciencia cultural más plural y cosmopolita, tras los años del franquismo. Las autoridades de la joven democracia no repararon en gastos para hacer posible la visibilidad de esa cultura y se generó un modelo dependiente del dinero público.
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El éxito del euro tampoco hizo necesario pensar en la necesidad de implicar más a la sociedad civil en la financiación de la cultural, ni en mejorar la imagen de quienes se lanzaban al mecenazgo. Con solo pensar en el atribulado destino del Legado Villaescusa en el Museo del Prado podrían ejemplificarse todas las dificultades que el altruismo cultural ha encontrado secularmente en España.
En EE.UU. y Francia la fórmula imprime éxito en la cultura









