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Que Angela Merkel apueste por una victoria del Bayern en la final de la Liga de Campeones parece algo más que una cuestión de orgullo nacional. En el Allianz se enfrentarán dos maneras de entender y gestionar el fútbol. El férreo control del gasto de los bávaros frente al ingente gasto económico que caracteriza la gestión del oligarca ruso Roman Abramovich en el Chelsea. Casi como si Milton Friedman y John Keynes se vistiesen de corto en Múnich, aunque esa sea otra batalla bien distinta.
El modelo del Bayern es simple: el color rojo solo en las camisetas. Los libros de cuentas del club bávaro, todo un ejemplo de mesura, llevan casi dos décadas en verde en una Europa que mira con lupa el gasto de sus países como dentro de poco hará la UEFA mediante el «Juego Limpio Financiero». La receta del fútbol alemán se basa en no gastar un euro más de lo que el equipo pueda generar. «La Bundesliga ha creado un modelo sostenible que asegura que los clubes pueden financiar sus gastos», explica en una entrevista a Reuters Emmanuel Hembert, de la consultoría A. T. Kearney. «Los clubes de la Premier han sido muy astutos en el plano comercial. Son buenos identificando oportunidades y desarrollando ingresos, pero su problema radica en el control del gasto», añade.
El City gastó 930 millones de euros en levantar la Premier
La renovada Bundesliga
La burbuja del fútbol es mucho menor en Alemania, donde los equipos no pueden endeudarse hasta las cejas ni pasar a manos de multimillonarios ya que ningún particular puede tener la mayoría de acciones de un club. Así la Bundesliga parte con ventaja ante el «Juego Limpio Financiero» de la UEFA que ya ha obligado a apretarse el cinturón a clubes de Italia, España e Inglaterra especialmente en salarios para no caer en números rojos y quedar fuera de las competiciones europeas.
El éxito del fútbol alemán es notable también en las gradas de los estadios que año a año son los más poblados del continente gracias al precio asequible de las entradas y a un calendario fijado con antelación para facilitar los viajes del público. Una remozada Bundesliga que se ha acercado a su público y gracias a los éxitos de sus clubes cuenta con una plaza más en la Liga de Campeones desde este año -a costa de Italia- y una mejora sustancial en el contrato televivo, lo que supone un aumento de ingresos para todos, aunque los números todavía estén lejos de de la Premier.
El ejemplo alemán
El Bayern usó el dinero de Audi para devolver antes el préstamo que pidió para levantar el estadio
Así, saneado y sin urgencias llega el Bayern a su novena final de la Copa de Europa. Jugará en casa, en el Allianz Arena de Múnich, y no sería extraño que Abramovich acuda al estadio con una sana sensación de envidia. El Chelsea estudia desde hace años la mudanza del viejo Stamford Bridge, que cuenta con un aforo limitado, a orillas del río Támesis. Dos maneras de entender el fútbol con el mismo objetivo: el trono del fútbol europeo.






