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Justo en la recta final para el regreso de los lefebvrianos a la unidad con Roma, la cerrada oposición de los otros tres obispos al acuerdo negociado por su superior, Bernard Fellay, crea un clima de incertidumbre y amenaza con un nuevo cisma dentro del grupo tradicionalista. Según el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi «no será un plazo muy breve ni estamos en la fase final, como podía parecer».
La Congregación para la Doctrina de la Fe, reunida en sesión ordinaria de la veintena de sus miembros, examinó el miércoles las últimas aclaraciones del obispo Bernard Fellay sobre la aceptación del Preámbulo Doctrinal requerido por la Santa Sede, y volvió a considerarlas insuficientes.
En un breve comunicado, el Vaticano informó que «ha sido examinado el texto de la respuesta de Su Excelencia Monseñor Bernard Fellay, recibida el 17 de abril del 2012, y se han formulado algunas observaciones que serán tenidas presentes en las posteriores discusiones entre la Santa Sede y la Fraternidad San Pio X».
Pero lo mas novedoso es el anuncio de que «ante las posiciones adoptadas por los otros tres Obispos de la Fraternidad San Pio X, su situación deberá ser tratada separadamente e individualmente».
En otras palabras, el Vaticano les excluye de la negociación general que está manteniendo con el superior del grupo, Bernard Fellay, y les emplaza a contactar por separado e individualmente a la Santa Sede si desean normalizar su situación, lo cual no parece nada probable.
Minimizar el Holocausto
En una carta firmada conjuntamente el 7 de abril del 2012, los tres obispos –el español Alfonso de Galarreta, el francés Bernard Tissier de Mallerais y el británico Richard Williamson, amonestado por minimizar el Holocausto- advierten a Bernard Fellay que aceptar las condiciones de Roma supone «ponerse en las manos de modernistas y liberales cuya pertinacia acabamos de constatar».
Los tres obispos denuncian que «el pensamiento del Papa actual está impregnado de subjetivismo», y advierten que Benedicto XVI «nos aceptaría en el cuadro del pluralismo relativista y dialéctico con la condición de permanecer en plena comunión respecto a la autoridad», una perspectiva a la que se oponen.
En su carta de respuesta a los tres obispos disidentes, fechada el 14 de abril, Bernard Fellay les acusa de «falta de realismo» y les recuerda amargamente que «el principio de la unidad en nuestra sociedad es el Superior General, pero desde hace algún tiempo intentáis –cada uno de manera diferente- imponerle vuestro punto de vista, incluso bajo forma de amenazas e incluso en público».
Hace una semana, Fellay reconocía que «hay discrepancias dentro de la sociedad y no puedo excluir que haya una división».
En contra del acuerdo con Roma se ha manifestado también el superior del distrito de Francia, Régis de Cacqueray, para quien «el Papa no ve todavía las consecuencias calamitosas de la nueva religión introducida hace medio siglo en la Iglesia».
El superior de Francia insiste en que «hay de decirlo. El Papa Benedicto XVI permanece en errores graves y profundos». Por ese motivo, afirma, «nosotros debemos continuar alimentándonos de la fe pura y, en consecuencia, desconfiar como de la peste de las novedades introducidas por el Concilio Vaticano II y de los papas que han venido después del Concilio».






