Cultura

El libro inédito de los cuentos de Calleja que su nieto guarda en el cajón

Día 21/12/2012 - 09.30h
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Enrique Fernández de Córdoba ha reunido miles de las ilustraciones de aquellos pequeños libros que recogen la evolución de la ilustración española desde finales del siglo XIX a principios del XX

m.a.
Enrique Fernández de Córdoba, en su casa, rodeado de libros de la editorial Calleja
m.a.
Ilustración ampliada del cuento «El león en Quintanadueñas», abajo en otra edición, junto a la lámina creada por Mingote
m.a.
Fragmento histórico y acertijo en uno de los cuentos de Calleja
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Nunca conoció a su abuelo. Enrique Fernández de Córdoba nació 21 años después del fallecimiento en 1915 de Saturnino Calleja, el fundador de la famosa Editorial Calleja -sí, la de «tienes más cuentos que Calleja»- que editó aquellos pequeños cuentos con los que la España de finales del siglo XIX y hasta mediados del XX aprendió a leer.

En casa de los Fernández de Córdoba había muchos de aquellos cuentos, aunque para su nieto menor Calleja era más una buena persona, cercana, «que provocaba la confianza», según le contaba su madre. Hasta que leyó un artículo publicado en ABC en el centenario de la editorial Calleja y quedó tan «agradablemente sorprendido» de la semblanza que se hacía de su abuelo que comenzó a investigar.

MA.
Cuento de Calleja

«Calleja equivale para muchos a cuentos... ¡no hombre, no! Es un tercio de lo que hizo mi abuelo», asegura hoy tras dedicar casi 30 años a investigar la vida y obra de Saturnino Calleja. «Fue un gran empresario que revolucionó el mundo editorial de la época. Su firma fue la que más influencia ha tenido en la formación de los niños hispanos, no solo españoles».

Calleja fue el primero en sacar grandes ediciones, consiguiendo un menor coste y un precio al alcance de cualquiera (los cuentos empezaron costando 2,5 céntimos). Ilustró profusamente aquellos pequeños libros, lo que en su día era una gran novedad, con el propósito de «enseñar deleitando», según relata su nieto, autor de diversas publicaciones sobre la obra de su abuelo. «El libro ha de entrar por los ojos, como generalmente se dice; ha de ser simpático antes de conocerlo a fondo», decía Saturnino Calleja.

La editorial concedió a las ilustraciones la misma importancia que al texto, rodeándose en todo momento de los mejores ilustradores de la época. Manuel Ángel, Corona, Méndez Bringa, Picolo, Penagos, Tono, Bartolozzi... las mejores figuras publicaron en la editorial Calleja. «Con este editor el trabajo de los dibujantes sale del anonimato. Sus nombres aparecen en las portadas de los cuentos, sustituyendo en muchas ocasiones a los de los propios escritores (...) Así aparece la figura del ilustrador de obras infantiles con categoría artística y reconocimiento social y editorial», escribía Enriqueta Albizua Huarte en el centenario de la editorial.

Fernández de Córdoba ha recopilado láminas firmadas de 140 dibujantes por orden alfabético junto a otras anónimas con la intención de publicarlo en tres tomos. «Me da una pena espantosa que todo esto esté guardado en el cajón», se lamenta.

En uno de los volúmenes que aguardan a que una editorial se decida a publicarlos, el nieto de Calleja ha reunido las ilustraciones por temas que muestran la evolución de la población española en su forma de vestir, los uniformes, los juguetes, los costumbres o los oficios...

«Antonio Mingote estaba emocionado cuando le enseñé las láminas. Me dijo: "Aquí están los grandes"». Fernández de Córdoba contactó con el genial humorista para que le escribiera el prólogo y le realizara una ilustración para la portada, algo que Mingote realizó sin dudar, así como uno de los cuentos en su versión original y la adaptación al lenguaje actual. La carta con la que el recientemente fallecido ilustrador respondió al heredero de Calleja era tan emocionante que ambos decidieron que serviría para el prólogo. «Me llegó a decir que le debía mucho a Calleja, que en sus dibujos veía una influencia clara», recuerda Fernández de Córdoba, que durante unos años compartió con él páginas en ABC, éste bajo el seudónimo de Cova-2.

«Juguetes instructivos»

Para Mingote los cuentos de Calleja le evocaban su infancia. También en su casa se colaron aquellos diminutos libros tan baratos. Calleja solía llamarlos «juguetes instructivos» porque contenían además del cuento, un pequeño acertijo, un crucigrama o un pequeño fragmento histórico. «Eran cuentos divertidos para que los niños aprendieran pasándoselo bien», señala Fernández de Córdoba.

Cuentos de Calleja

En una época en la que el 60% de la población era analfabeta, este emprendedor y apasionado por la literatura y la pedagogía que se embarcó en la misión de divulgar la cultura llevó a cabo una «inmensa obra pedagógica».

Sus esfuerzos no solo se enfocaron en los libros infantiles. Calleja se convirtió en el «líder indiscutible de los maestros españoles» con sus ediciones de textos escolares y libros pedagógicos para los profesores que llegaba a regalar a las escuelas de los pueblos que no tenían dinero. Su nieto muestra con orgullo cómo en una encuesta realizada en aquellos años entre los profesionales de la Educación para designar a su candidato favorito, los políticos de la época como Alcalá Zamora, Salmerón o Castelar apenas obtuvieron un voto frente a los 2.133 que se otorgaron al fundador de la editorial Calleja. «Un hombre solo realizó una de las más importantes transformaciones educativas de la historia», asegura Fernández de Córdoba antes de añadir: «Fue el primer propagandista de la instrucción popular».

Saturnino Calleja

Ya en 1899 la editorial Calleja publicó 3,4 millones de volúmenes de 875 títulos, «casi tres veces más que la media de las 25 mayores editoriales en 2004» y en 1930 el número de títulos se incrementó hasta los 2.289 de los que «eran cuentos menos de la mitad». El resto, apunta su nieto, eran obras religiosas, diccionarios y libros para adultos, como una célebre colección de libros de medicina. La editorial Calleja realizó la primera edición de «Platero y yo» y publicó diversas ediciones de El Quijote, entre ellas una con papel rosa o una microscópica, que según su costumbre envió a las personalidades de la época. «En su listado, Alfonso XIII no es el primero, tiene delante a otros porque llevaba un riguroso orden alfabético y el Rey aparecía entre los de la B, por Borbón», destaca divertido Fernández de Córdoba.

El descendiente de Calleja sueña con aportar sus más de 300 volúmenes de la editorial junto con muebles, fotografías, objetos, cartas y curiosidades que conserva la familia de su antepasado en un futuro Museo-Fundación Saturnino Calleja. «Sería mi gran ilusión, que este legado no se perdiera»

«...y comieron perdices»

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