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Toledo

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Día 12/05/2012

Basta echar un vistazo al folleto donde figura la agenda cultural, que se edita todos los meses, para constatar que estamos viviendo un auténtico boom de las rutas turísticas. Hay rutas para todos los gustos: paseos por la judería, encuentros con los mitos y las leyendas, el recorrido del Toledo árabe, una inmersión en el tarot de los templarios, curiosidades sobre la noche toledana acompañada de una visita a restos arqueológicos, un circuito por casas encantadas (con sus duendes y fantasmas), el paseo por el Toledo arcano, por el Toledo mágico alrededor de 13 leyendas, por el Toledo de Alfonso X al hilo de la controvertida serie de televisión, etc.

El carácter variopinto de estos recorridos hace pensar en la cantidad de toledos que se ofrecen no sólo a los que nos visitan, sino también a los vecinos de la ciudad, pues muchos desconocemos buena parte de los tesoros que encierra el lugar en que vivimos. No nos parece mal que en estas rutas se ofrezca una visión real o una perspectiva plagada de Fantasía (pues ésta también tiene su público). Lo que consideramos criticable es la mezcolanza de ambas cosas tratando de dar gato por liebre, es decir, que haya explicaciones que se presenten como verídicas cuando se trata de meras elucubraciones misteriosas.

Es verdad que hubo un momento en la historia en el que la magia y la ciencia estaban entrelazadas. Pero creemos que es conveniente tratar de respetar la realidad, para exponerla tal como es. Somos conscientes de que esto puede en ocasiones resultar difícil, porque las leyendas han sembrado una capa de musgo o de liquen que ha terminado por ocultar los hechos. Por ejemplo, se han dicho y escrito teorías increíbles sobre las cuevas de Hércules y también sobre la vida y obra del Greco (figura, por cierto, de la que convendría depurar y eliminar la hojarasca con vistas al IV centenario). La historia es la que es y conviene conocerla. Pero también es verdad que es mucho lo que desconocemos y ahí entramos en un terreno donde cobran fuerza las hipótesis. Pero las hipótesis no justifican cualquier cosa (como muchos piensan), sino que deben venir avaladas con razones que nos permitan discriminar las más plausibles de las menos sensatas.

Durante la última feria del libro se organizó un paseo por el Toledo relacionado con la literatura, que estuvo a cargo del historiador y poeta Manuel Palencia (que,v precisamente, acaba de inaugurar un negocio con el sugerente título de Cuéntame Toledo). Mientras Palencia desgranaba sus interesantes explicaciones era fácil advertir cómo gran parte de la historia de la literatura española ha guardado una conexión importante con Toledo. Cervantes, Lope de Vega, Alberti, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Félix Urabayen, Fray Luis de León, Benito Pérez Galdós, Agustín Moreto, Garcilaso, Calderón, Vicente Blasco Ibáñez, Rojas Zorrilla, Baltasar Eliseo, Lorca, Tirso de Molina, Bécquer y tantos otros dejaron su huella en nuestra ciudad (y ésta en su obra).

A lo mejor puede parecer una afirmación exagerada o pretenciosa, pero gran parte de los principales movimientos literarios han tenido alguna vinculación con Toledo (este sería un buen tema para una tesis doctoral). No sólo tenemos una ciudad situada en el centro geográfico de España, sino que también lo es en lo que se refiere a la literatura. Esto, junto con la explicación del Toledo monumental, debería ser más explotado para goce del turismo y también para los toledanos que aún no lo conozcan.

D Desde luego que la actividad de los guías es difícil de regular desde un punto de vista jurídico. Marco legal aparte, creemos que lo relevante es que haya personas eruditas o preparadas que conozcan los entresijos de la historia o de los temas que resulten interesantes para explicarlos a los demás. En lo que respecta a la regulación, las Comunidades autónomas tienen legislación específica desarrollada, contando Castilla-La Mancha con la Ley de Turismo de 1999 y un Decreto del 2006 que viene a ordenar las profesiones turísticas. El aspecto más visible y que quizá más incida en la actividad de los guías viene de la mano de la habilitación (que se consigue después de aprobar un examen llevado a cabo por la Consejería correspondiente) para poder ejercer esta tarea. Así, la Ley de Turismo de nuestra región define la actividad del guía como profesional, ligada por lo tanto a una retribución. El Decreto de 2006 afecta de manera especial a Toledo, pues establece que los conjuntos históricos de las ciudades patrimonio pueden ser explicados únicamente por guías habilitados. Con todo, creemos que la práctica demuestra que es difícil asumir que sólo los habilitados pueden llevar a cabo esta función por el siguiente motivo: porque siempre habrá personas cualificadas para acometer esta función (con independencia de la habilitación) que tendrán un público interesado en conocer cosas sobre un tema específico, o que la información venga de la mano de esa u otra. Es muy difícil aquí poner el cascabel al gato y evitar que se produzca lo que la propia ley denomina intrusismo. Lo cierto es que las rutas turísticas están en auge y en constante evolución; como botón de muestra podemos señalar que desde no hace muchos años se llevan a cabo en varias ciudades europeas —incluida Madrid— los denominados «free tour», que no son otra cosa que rutas temáticas gratuitas en las que, en un ambiente desenfadado, guías que ostentan un cierto carisma muestran una determinada parte de la ciudad

rompiendo los moldes de lo tradicional. Al final, es el propio turista el que pone precio a la explicación recibida y otorga una propina al guía, que generalmente trabaja como tal a tiempo parcial y su salario está constituido por la «voluntad» de los que asisten al tour gratuito. Quizá convendría adaptar la legislación para que tours de este tipo pudiesen proliferar en más ciudades, aunque ya los tenemos en importantes capitales como Londres, París, Bruselas o Berlín.

En cualquier caso el revival o el interés por las rutas en Toledo pone de relieve la pasión creciente por conocer la historia y sus entresijos. En uno de sus libros de poesía (El Dante en Toledo) el poeta Juan Antonio Villacañas imaginó que iba recorriendo y explicando las calles de Toledo nada menos que a Dante, como si fuera un guía. Al comienzo del libro figuran estos versos: «Ven por aquí, Maestro. Dame tu mano/y sígueme./Yo te daré noticia de Toledo según yo lo he inventado,/huyendo de su historia/bien hecha/con tanto dato falso./Ven por aquí, Maestro, y sígueme./Yo te abriré las tumbas de cada cementerio/para que cada muerto te diga sus verdades…». Acaso cada uno de nosotros tenemos en el corazón y en nuestra cabeza un Toledo diferente. Este es el encanto de todos los toledos que ha habido, que hay y que están por haber. Bienvenidas sean las fórmulas que nos permitan beber el agua de este pozo sin fondo que es la Ciudad Imperial.

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