The Records pasaron a la historia de la música pop con una única canción, pero qué canción: «Starry eyes», una pieza prácticamente perfecta que define en ciencia y en esencia lo que es el power-pop y lo que fue a finales de los años 70 en Gran Bretaña.
Nacidos en 1977 con el batería Will Birch y el guitarrista John Wicks al frente, su existencia como The Records fue efímera, apenas hasta 1982, pero la banda reunía tanto talento y buen gusto que fue considerada como los Big Star británicos. Además de estos, su inspiración venía de grupos de pop clásico como Raspberries y Badfinger.
Derroche de calidad
Solo por el derroche de calidad presente en sus dos primeros álbumes, «Shades in bed» y «Crashes», sendas obras maestras, ya se merecen un puesto destacado en el Olimpo del Pop.
El grupo se disolvió y sus miembros siguieron de una u otra forma metidos en los berenjenales de la música. Incluso, hace cuatro años se editó «Play Live!! In Evaston», que recogía un concierto ofrecido por la banda en un lejanísimo 1980.
Treinta años después, se impone una dulce nostalgia volviendo a escuchar a grupos que lo hacían tan bien, tan rematadamente bien







