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Thomas Edison y su millonario invento de la silla eléctrica

El famoso inventor de la bombilla eléctrica impulsó y participó en la creación de este método de ejecución... sólo para desprestigiar a su competidor y conseguir el monopolio de la implantación del suministro eléctrico en los hogares de EE.UU.

Día 13/06/2012 - 11.04h

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La bombilla, el fonógrafo, el quinetoscopio, la grabadora, un sistema de transmisión simultánea… más de 1.000 inventos de Thomas Alva Edison que cambiaron la vida de millones de personas a finales del siglo XIX. Aunque, posiblemente, ninguno le reportó tanto dinero como el que se ha utilizado durante décadas para acabar con la vida de miles de presos: la silla eléctrica.

Thomas Edison y su millonario invento de la silla eléctrica
ABC
Thomas Edison, en 1920

En 1886, el estado de Nueva York estableció un comité encargado de determinar un nuevo sistema de ejecución más humano y eficaz que la horca. Pero no fue precisamente la misericordia lo que llevó a Edison a impulsar, financiar y participar en la creación de la silla eléctrica, sino una simple disputa económica y comercial con el también inventor e ingeniero George Westinghouse, con el único objetivo de hacerse con el monopolio de la implantación del suministro eléctrico en los hogares de las principales ciudades de Estados Unidos.

Edison no quiso conformarse con el invento del fonógrafo o, en 1879, con la primitiva lamparilla eléctrica con filamento de carbono. Y Westinghouse tampoco se quedó satisfecho con el sistema de tuberías para conducir el gas natural en condiciones seguras en las casas, ni con el freno de aire comprimido para los ferrocarriles que le había traído la fortuna en 1869.

Ambos sabían que el negocio de suministrar la electricidad a millones de hogares de Estados Unidos les convertiría en los hombres más ricos del país. Edison ya lo había hecho a pequeña escala en nueva York, mediante la corriente continua, a principios de la década de 1880. Pero en 1888, su gran fortuna comenzó a tambalearse con el desarrollo de una tecnología superior basada en la corriente alterna por parte de Westinghouse.

La feroz batalla

La batalla comenzó de manera fortuita cuando el dentista Albert Southwick vio en una calle de Buffalo, cerca de Nueva York, como un obrero caía fulminado al tocar las terminales de un generador eléctrico de corriente alterna. Algo que a Edison no se le escapó cuando llegó a sus oídos, sobre todo cuando se enteró de que el obrero muerto de un plumazo trabajaba para la compañía de Westinghouse.

Thomas Edison y su millonario invento de la silla eléctrica
ABC
Edison, en 1878

Entonces omenzó propagar que la corriente de su competidor era peligrosa y no apta para los hogares, tratando de callar todas aquellas voces que aseguraban que los dispositivos de Edison eran caros y no funcionaban a larga distancia.

Fue aquí como apareció la silla eléctrica, que, aunque atribuida a Edison durante años, en su versión más primitiva fue obra de un tal Harold P. Brown. Un comerciante y embaucador ambulante que construyó un pequeño asiento al que ataba a un gato y le aplicaba una descarga de la corriente alterna de Westinghouse, hasta que el pobre animal caía desplomado. Una desagradable demostración que paseo por la principales ciudades del país y probó también con perros, liebres, caballos, ponis, vacas y hasta un elefante.

La corriente de Westinghouse mata

Cuando llegó a oídos de Edison la demostración de este singular inventor, electricista e ingeniero ambulante, avaló sus experimentos y se aventuró a hacer otros nuevos mejorando la silla eléctrica para difundir sus propias conclusiones: la corriente alterna de Westinghouse mataba, la de él era inofensiva.

Thomas Edison y su millonario invento de la silla eléctrica
Retrato de 1930

El gobernador de Nueva York, David B. Hill, que había pedido que se tuviera en cuenta la electricidad en el nuevo método de ejecución cuando se enteró del incidente de Buffalo, firmó finalmente un decreto por el que establecía esta silla eléctrica como método legal para las ejecuciones en las penas de muerte. Y para desgracia de Westinghouse, eligió la corriente alterna.

La indignación de éste fue tal que se dedicó a recorrer unas cuantas ciudades dando discursos contra esta «ejecución inhumana y antinatural, equivalente a quemar vivo al condenado». Pero sus intentos fueron infructuosos: «El 4 de agosto sufrirá la pena capital en la prisión de Aurburn, según telegrafían desde Nueva York, William Kemmler, el primer asesino condenado a morir por la electricidad», informaba el diario español «La Dinastía» en 1890.

En 1927, «El Heraldo de Madrid» hablaba de aquella primera ejecución en los términos críticos de Westinghouse, asegurando que había sido «escandalosamente larga». «Sometido durante 10 segundos a una corriente de mil voltios, el condenado, presa de horribles convulsiones, parecía no querer morir. Después de una pausa, que debió ser un suplicio para el desgraciado, la corriente volvió a ser restablecida durante otros 73 segundos en que se oyó al condenado gemir sordamente. Al fin el cuerpo quedó rígido; la corriente fue cortada».

El último ejecutado por medio de la silla eléctrica fue Paul Warner Powell, en 2010. Atrás quedan miles y miles de presos en 120 años ejecutados con este método… y miles y miles de millones para Edison.

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